Una madre angustiada
Mons. Emiliani, soy una madre con cuatro hijos, fruto de dos relaciones. Mi primer marido, a quien tanto amé, fue asesinado cuando una triste mañana, lluviosa y fría entraba a su pequeño negocio y tres hombres armados lo agarraron y lo empujaron dentro de la tienda y lo torturaron hasta que les abrió una pequeña caja fuerte. Allí tenía el dinero acumulado de catorce días de trabajo con el que iba a pagar a los empleados y lo demás, para los gastos de la casa. De él tengo dos hijos. Los he criado con todo mi amor pero sé que ellos sienten el vacío de su papá al que recuerdan con mucha nostalgia. Desde entonces yo llevo el pequeño negocio con la ayuda de mi hijo mayor. Después conocí a otro señor, mayor que yo, con quien me uní aunque nunca me casé con él. Esto no resultó. Malcriado, siempre descontento de todo, un hombre sin fe que se reía de mis devociones, al final decidí dejarlo. Con él tuve otros dos hijos. Lo único bueno es que ha sido muy responsable con sus hijos y les paga sus estudios y demás gastos. Pero estoy sola. Tengo muchos miedos. Me angustia pensar que algún día asesinen a algún hijo mío. Cada vez salgo menos. Solo al negocio, la casa y el templo los domingos. Cuando mis hijos van a su colegio y el mayor a la universidad, los bendigo y paso el día rezando por ellos.
Estimada señora. Lamento muchísimo la muerte por asesinato de su esposo, con quien tuvo una linda relación y de allí nacieron sus dos primeros hijos. Es un golpe duro para una mujer que amó que le maten al marido, porque eso le cambia la vida totalmente. Ser viuda, tener que levantar a los hijos, llevar el negocio heredado, todo eso en un ambiente tenso donde hay violencia y mucha maldad, causa tensión, aumenta el estrés y desgasta emocionalmente. Por otro lado, su segunda relación fue un fracaso, aunque de ella nacieron otros dos hijos que usted con amor está criando. Vemos pues que hay en su vida dos grandes frustraciones: le arrebatan con la muerte a su amado esposo y su segunda relación fue un gran fracaso. Pero por otro lado, usted vive atemorizada. Quiero decirle que los temores cuando no se controlan van mermando las energías mentales y físicas. Los miedos cuando marchan por su cuenta arrancan la lucidez mental e impiden a la persona encontrar soluciones a los problemas.
Le pido en primer lugar que crea firmemente en la resurrección. Su esposo está en el cielo y él intercede por ustedes. Él está feliz y en plena realización contemplando a Dios. Segundo, está muy bien que ore por sus hijos y los cuide. Pero no los llene de miedos. Ellos tienen que seguir viviendo. Prudencia, saber a dónde van, que escojan bien a sus amigos, horas de llegada a la casa, comunicación con ellos. Por otro lado, usted tiene derecho a tener algunas otras actividades donde se realice. Ser miembro de algún grupo de solidaridad, ir a un gimnasio, cultivar amistades sanas. Tratar de vivir una existencia plena en un mundo complicado. Eso es posible. Recuerde que Dios la ama, la protege y que con Él usted es invencible.
Monseñor