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Una mirada al espejo

Por: Redacción 25/10/2016

Mis historias son reflexiones sin nombre pero con el rostro que usted le quiera poner, colmadas de sentimientos y con mensajes de las experiencias que he ganado en la vida.

Es posible que alguna historia se le parezca o le resuene a otra, la razón, la historia de la humanidad siempre es la misma y se repite aunque se desarrolle en diferentes escenarios.

Soy de ese grupo que cree en que hay esperanza de un mundo mejor por lo que deseo motivar a los demás a que trabajemos juntos por eso. Lo han hecho muchos, unos con mayor trascendencia, otros con mayor avidez. 

El objetivo sembrar gotas de felicidad y rociar con positivismo nuestras vidas, que tanta falta nos hace, desde la perspectiva de alguien que cree en que las oportunidades de dejar algo mejor a lo que encontramos, es hoy y está vigente.

Mis temas no contienen información técnica, hablo de la naturaleza humana que no es ajena a nadie porque todos proyectamos un reflejo en los demás de nuestras acciones y omisiones.

Estoy segura que no hay coincidencias así como estoy segura que cada quien con su historia llega a la nuestra para dar una enseñanza y construir un testimonio valioso.

Es así como llega a mi mente un recuerdo de cuando cursaba décimo año en la escuela. Un día recibimos la asignación de escribir un cuento que le permitiera a nuestra profesora de literatura verificar nuestro aprendizaje en los diferentes tipos de redacción literaria. Como siempre me ha gustado escribir preparé un escrito de página y media, sin mayor afán, se llamaba “El Espejo Roto”. El cuento relataba el drama que vivía una joven del siglo XVIII, quien había encontrado un espejo de tocador en una antigua residencia que habitaba con su familia. Se notaba que el espejo estaba hecho de una de las mejores materias primas, pero no correspondía al tiempo ni espacio que vivía. Era su posesión preciada de la que estaba segura tenía un gran valor.

El eje central del escrito se circunscribía al conflicto de emociones inexplicables que invadían a esta joven al mirar en el espejo situaciones que no entendía. El espejo le mostraba imágenes de hechos que desconocía, pero donde siempre era la protagonista. Parecía ser un oráculo algo que le proyectaba hechos desconocidos. Esto la abrumaba pues nadie más veía lo que ella observaba en el espejo, en la intimidad de sus aposentos.

La historia finaliza cuando la joven decide romper el espejo y acabar la angustia que esas imágenes le producían.

Recuerdo, no obtuve la máxima calificación ya que la profesora señaló que aunque estaba bien desarrollada la idea sentía que podía mejorar.

Hace unos días, recordando el pasado, me dispuse mejorar ese relato y cuando camino a mi lugar de trabajo tropecé con una persona que me dijo nunca cambie esa sonrisa. Para mi sorpresa siempre pensé que la sonrisa de esa persona alegraba por donde pasaba. Y en mi mente quedó claro todos somos un espejo donde nos reflejamos.

Después de tantos años veo la oportunidad de mejorar la historia del “espejo roto”, desde una perspectiva espiritual, no buscando respuesta en pasados no olvidados, ni en futuros promisorios, sino enfrentando en el presente lo que tenemos delante: El día de hoy.

El espejo del cuento solo reflejaba aquellas cosas que la joven albergaba en sí, que tal vez habitaban en su yo interior y que no entendía, sí le pertenecían.

Así es como con la oportunidad de conjugar dos historias, una ficticia y una real, de dos momentos diferentes donde fui testigo obtengo la siguiente lección:

Aquello que decimos amar u odiar y vemos en el otro es una imagen de nuestro ser. Al percatarnos de ello podemos evolucionar en el aprendizaje llamado vida.

Debemos cambiar las creencias de las percepciones que nos hacemos del otro, por las experiencias compartidas con todos, vivir sin ataduras aprendiendo de aquello que vemos en los demás ya que al fin y al cabo solo somos nosotros mismos, reflejando o buscando nuestra imagen en el otro. 

Somos discípulos y maestros al mismo tiempo. No hay que romper espejos hay que ver qué es lo que nos muestra su reflejo.

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Miércoles 22 de julio de 2026