Una movediza oposición
El problema de la oposición política al régimen oficialista, plantada sobre tierras movedizas, es que no ha logrado articular un discurso que justifique reemplazar a la actual dirigencia política. Pareciera que hacer oposición es negar absolutamente todo.
Desafortunadamente, las masas parecieran no estar en la línea de las grandes reflexiones. Son más emotivas que racionales, con el agravante de que sin una adecuada formación política, hacen sus propias consideraciones-a veces erradas- y que en modo alguno se corresponden objetivamente con las posiciones que deben surgir de razonamientos lógicos.
Para los versados en materia política, no queda clara la relación entre los “malestares sociales” expresados casi diariamente con cierres de calles y manifestaciones de protestas, y la buena aceptación de la gestión gubernamental en manos principalmente del presidente de la República. El asunto está en que mientras la oposición rechaza todo, el gobierno presenta la carta de ejecuciones de obras públicas, lo cual parece pesar más en las conciencias de los asociados que en las acérrimas críticas a las mismas. Se cumple aquello de que una obra vale más que mil palabras. Si se le unen los portavoces de la oposición, muchos de los cuales están totalmente descalificados, la nave opositora comienza a hacer aguas.
La prensa opositora, de igual manera, no ha logrado afincar una actitud en la gente que lleve a un profundo rechazo del gobierno. Por ejemplo, no hay variación alguna en los programas televisivos identificados con la oposición, cuando los presentadores sin ningún recato manifiestan, solapadamente unas veces y abiertamente otras, su afecto a los contrarios al gobierno. Asumen, las más de las veces, posturas políticas, lo que no hace ningún bien a causa alguna.
Allí pierde la oposición, cuando la gente advierte que no hay imparcialidad, que los ataques son infundados, que comienza a desarrollarse un proyecto descalificador muy apurado y sin proyección, que termina haciendo víctimas a los supuestos “victimarios”. Los entrevistados son los mismos e igualmente los argumentos de rechazo a todo. Esto demuestra que la oposición en terrenos inestables, altamente movedizos no ha podido encontrar el camino, a pesar de todo lo que ha intentado.
Si, por ejemplo, el discurso y la actitud estuvieran en la dirección de ver bien lo que es correcto y mal, lo incorrecto, de pronto entraría en sintonía con la psicología popular que con un gran olfato advierte que algo no está claro cuando todo quiere verse mal.