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Una mujer burlada

Por: Redacción 10/10/2015

Monseñor Emiliani, qué triste es mi vida. Nunca he tenido suerte en el amor. Siempre he fracasado en mi vida sentimental. Desde que tenía 14 años he sentido que he sido burlada y se han aprovechado de mí los hombres. He sido ingenua y les he creído siempre los cuentos que ellos saben usar para solamente gozar de un rato de placer. Porque siento, y me da vergüenza decirlo, que he sido como una prostituta sin haber nunca cobrado nada por permitir que usaran de mí. Lo que pasa es que siempre creí que el amor era contacto físico, caricias y también sexo. Ya tengo 34 años y me asaltan cada vez más sentimientos de culpa por mi vida. Es verdad de que nadie me aconsejó realmente cuando niña. Crecí con una tía que vivía muy alegremente y sus consejos fueron negativos. Su ejemplo fue dañino para mí. Tengo dos hijos de dos hombres diferentes. He trabajado en salones de belleza y últimamente una señora, dueña del establecimiento donde trabajo, me ha estado hablando de la Palabra de Dios. Ella es buena, comprensiva, exigente como jefa, y me ha tomado mucho cariño. Con ella he llorado, he contado mi vida y últimamente me ha llevado a un grupo de oración cristiano. Yo soy católica, bueno, de nombre nada más, y ese grupo es evangélico. Yo quisiera seguir en mi Iglesia, pero no sé nada de ella. Es la primera vez que oro en grupo y me siento bien. Lo que no quiero es seguir esa vida de andar de hombre en hombre, sin llenarme nunca mi corazón. Creo que pocas veces he sido correspondida en una relación sentimental. Me enamoro fácilmente, me ilusiono y por un rato vivo como en un paraíso. Sueño entonces que con este hombre sí voy a ser feliz y a los dos o tres meses tengo una desilusión grande. Con uno de ellos pude estar dos años estable, pero luego me abandonó por otra mujer. Soy desdichada. Me siento mal y el único consuelo que tengo ahora es tener la amistad de mi jefa y el ir a un grupo cristiano. 

  Se da cuenta de que buscó en los seres humanos la felicidad que solo Dios puede dar. No existe la "suerte" en el amor. El amor es inteligente y el discernimiento es clave. El fallo suyo estuvo en no pensar, en creer ingenuamente las tonterías que dicen los hombres para conseguir placer y luego huir. Es usted una víctima más y una madre soltera que nunca pensó claramente en las consecuencias de vivir sin normas morales. Pero tiene usted dos hijos que son de Dios, que son una bendición para usted y que debe amarlos, formarlos y ayudarlos a que no cometan los errores que usted cometió. He aquí lo bueno de este triste drama: dos joyas que debe pulir y cuidar.

SE DA CUENTA DE QUE BUSCÓ EN LOS SERES HUMANOS LA FELICIDAD QUE SOLO DIOS PUEDE DAR. NO EXISTE LA "SUERTE" EN EL AMOR. EL AMOR ES INTELIGENTE Y EL DISCERNIMIENTO ES CLAVE.

  Su experiencia puede servir para otros y otras. Usted puede aconsejar a jóvenes para que no sigan esos pasos. Puede usted con el tiempo ayudar en la pastoral juvenil de su parroquia y a las chicas darles un mensaje positivo y que las ayude a no caer. Como obispo le pido vuelva a su Iglesia, pero doy gracias a Dios de que le mandara a esa señora que es como un ángel del Señor y la ayudara. En el caso suyo, vemos claramente que hay un gran vacío familiar, que nadie la ayudó cuando era preadolescente y que, en parte, por eso cayó usted en esa situación degradante.

 Está bien que sienta dolor y arrepentimiento por su vida, pero no caiga en la situación tormentosa del complejo de culpa. Recuerde que Dios es misericordioso, lleno de amor y de ternura para usted. Que todo pecado será perdonado si uno se arrepiente. Piense más bien qué va a hacer de ahora en adelante. Hay mucho que realizar por la gente. El pasado no lo puede cambiar. Solamente recuérdelo para aprender lecciones que le sirvan para su vida. Usted sabe que Dios la ama y con Él usted puede vencer cualquier cosa, porque con Dios usted es invencible. 

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Miércoles 29 de julio de 2026

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