Una nación zombi muy jamona
El panorama era desolador. La horda irrumpía en los locales con un ritmo acelerado, provocador, inusual y fatalista, como de fin de mundo. La estampida tenía el firme propósito de tomar lo que consideraba era necesario, y de paso, lo que reivindicaría cualquier limitación social que les hiciera tener presente el primer enunciado ciudadano de petición frente a cualquier mostrador de tienda de chinito -me das-, o de robo a mano armada -dame lo mío-.
Allí no se estudiaba el fenómeno de la alienación. Eran días felices de nosotros, los muertos vivientes. Dentro del caos, ¿para qué el orden establecido o la clase social? No había diatriba ante ideologías de género, ni credos, ni discriminación migrante. Las diferencias políticas no eran irreconciliables. El tono de cualquier discurso contenía un superficial aroma de supervivencia, amén del incipiente estado anárquico permitido. Curiosamente, la turba actuaba en una nube de democracia pasajera.
De eso no se habla mucho, sino como anécdota de bebedera o catarsis "yeyé". Si bien el saqueo en días posteriores a la invasión a Panamá habría sido el primer episodio que recuerdo de la saga de muertos vivientes, ¿qué diferencia existe ahora en el comportamiento ciudadano tras los primeros minutos de un "Black Friday", el ingreso a los culecos en cualquier ciudad atestada de esa mezcla variopinta que comparte el aliento alcohólico, las filas detestables para la compra del último "smartphone", la arrebatiña para ver de cerca al bachatero del momento y la sudada fuera del cine para entrar de primerito a la secuela del filme más popular del momento?
La respuesta está en nosotros que miramos "con asombro" a cada panameño que pasa por un incómodo momento provocado ante una promesa, a propósito de la visión heredada de un clientelismo generacional y se olvida que, por momentos, Mateo 7: 6 tiene una interpretación más profunda que la que se predica en tono de enseñanza o sarcasmo.
Comparamos el lamentable episodio de la venta de jamones con el serial "The Walking Dead", sin darnos cuenta que, como sociedad panameña seguimos actuando en modalidad zombi. Pecamos y comulgamos sin asco, jugamos a perdonar ofensas ofendiendo, adulamos al travieso y le otorgamos cuotas de poder, hacemos circo romano de personas que pudieron cometer un acto culposo para ponerle la letra escarlata de por vida.
Somos los que destruimos reputaciones, elevamos a lúmpenes y les decimos parásitos a nuestros hermanos. Sí, somos así, y para colmo de males, nuestras generaciones escogen líderes encarcelados en estos mismos paradigmas de lo que parece seguir siendo una noble nación zombi, ahora muy jamona.
Periodista