Una nueva amenaza
La dirigencia magisterial empezó nuevamente su eterno forcejeo con el Ministerio de Educación, en el que los únicos perjudicados son los estudiantes.
El país es testigo de cómo todos los años estos gremios suspenden clases para pelear por temas que solo les benefician a ellos; los estudiantes y la sociedad nunca salen favorecidos con estas pugnas.
Este año, para no perder la costumbre, los docentes lanzaron, al iniciar el tercer mes de clases, su ya habitual consigna de lucha: ¡huelga nacional! Las exigencias son recurrentes y la mayoría tiene que ver con temas salariales y reivindicaciones gremiales.
La lista no dista de las anteriores: el pago de sobresueldos adeudados, la equiparación de sus salarios, la creación de una comisión de alto nivel que estudie un incremento salarial para todos los educadores, la modificación de su plan de retiro, el cambio del procedimiento de nombramientos permanentes y por último la transformación curricular.
Parece una historia de nunca acabar. Y paralelamente, la dirigencia se las ha arreglado para evitar que se apliquen nuevos esquemas de enseñanza que ayuden al país a revertir los pésimos resultados que se obtienen en materia educativa.
Panamá está entre los cuatro países de la región que más invierten en educación, un 6% del Producto Interno Bruto. Sin embargo, otras naciones que invierten mucho menos recursos obtienen mejores resultados en competencias educativas regionales.
El Banco Mundial lo ha dicho en varios informes; el principal resultado de esa inversión es tener docentes bien pagados en comparación con otros países de la región y estructuras educativas en buen estado.
La calidad de la educación no figura entre los logros; al contrario, el Banco Mundial califica nuestro sistema pedagógico y curricular como obsoleto.
Y mientras tenemos un sistema desfazado con malos resultados, nuestra dirigencia magisterial continúa mezclando la política con la educación, poniendo en entredicho el futuro de nuestra juventud y del país.
