Una nueva forma de autismo informático
Desde muy temprano aprendí que el conocimiento y el desarrollo de la tecnología siempre debe estar al servicio de la humanidad y del individuo.
En consecuencia, no somos refractario del enorme avance que se venido dando en el mundo de la comunicación.
Resulta maravilloso para todas las actividades en sociedad, que la palabra, sea oral y escrita, viaje a velocidades, que antaño, jamás se nos hubiera ocurrido.
Sin embargo, tal desarrollo de la comunicación ha traído consigo un grado de dependencia al punto que las relaciones personales revelan cierta tendencia a ser sustituida por el fenómeno mencionado.
Todos somos testigos y hasta víctimas , de una cierta enajenación de las relaciones y la comunicación personal.
Ejemplos están a la vista; como un diálogo se ve interrumpido por el sonido de ese pequeñito aparato, que casi como una orden de un tirano, le pide que suspenda , lo que hasta ese momento era una conversación amena.
Lo peor de esta perfidia, que rompe toda regla elemental de etiqueta, solemos quedarnos callados y esperar que nuestro interlocutor decida terminar de hablar cibernéticamente. Y como ironía, para que nos enfademos más, en cuestión de segundo o minutos, el tirano vuelve a hacer su parición.
Cuanta de nuestras fiestas sociales o familiares, dejan de ser tales , cuando más de la mitad de sus invitados o familiares, están pegados a sus celulares, chateando; es decir, si bien se encuentran en dichas actividades, su cerebro y conciencia, se encuentran en otros escenarios.
Y cuando están de regreso, el tirano celular se encarga de recordarles que es él que ordena y manda.
Para acabar de rematarla, quién no ha vivido la experiencia, de una colisión por culpa del celular o el chateo o cuantos han partido para el otro mundo por culpa de estos equipos de la comunicación moderna.
Decía Gaucho Marx, que vivimos un mundo de enajenación nunca ante vistos; la tecnología del televisor y la internet controlan nuestra vidas.
Por causa de ello, las relaciones se vuelven frías, al punto que estando en nuestras casas, nos olvidamos que tenemos hijos, compañeras.
Reiteramos, no somos refractarios del desarrollo de la tecnología , pero tenemos que hacer algo y con urgencia , para revindicar nuestro sentido de humanidad, frente a esa nueva onda de autismo informático, que trastoca reglas vitales de la buena relación en sociedad y familia.