Una nueva oportunidad
El Evangelio nos presenta el gran mensaje de que hay una nueva oportunidad para todos y cada uno de nosotros. En el Evangelio aparece la figura de un centurión romano, o sea, un hombre que no tenía la fe de Israel. Pero él creía en Cristo y su fe la tenía que vivir a escondidas, porque como romano, tenía que guardar el principio de obedecer y hasta adorar al César como si fuera un dios. El centurión mandó a rogar a Jesús que sanara a su criado a quien quería mucho y se encontraba moribundo. Cristo, que vio que era un soldado romano y no era común que un hombre de estos se le acercara, le dijo que iría a su casa. El soldado mandó a decir que no era necesario que fuera a su casa, porque una sola palabra suya bastaría para sanarlo (Lc 7,6-7). Cristo no fue a la casa del centurión, pero hizo el milagro a la distancia.
El Señor, misericordioso y bueno, es quien tiene toda la fuerza y el poder. Cristo siempre deja una puerta abierta para que nos encontremos con Él y solucionemos los problemas que más nos agobian. Cuando todo parece estar perdido, cuando pensamos que todo acabó, aparece el único que nos puede dar otra oportunidad.
No se preocupe, sino que esfuércese por alcanzar el reino, por acercarse a Jesús, por vivir una vida nueva en Cristo y en el Evangelio. Primero, hay que aceptar a Jesucristo como nuestro Rey y Salvador; segundo, arrepentirnos de nuestros pecados y, tercero, abandonarnos en Cristo. Al abandonarse en Cristo, vendrá una lucidez especial y usted comenzará a ver las cosas de una manera nueva. Aquel problema que parecía no tener solución se comienza a ver de forma distinta y poco a poco aparecen diferentes posibilidades para resolverlo.
El que está en Cristo, capta la presencia de Dios en cualquier cosa o suceso. La presencia de Dios está en las personas, en los acontecimientos buenos o malos y en la naturaleza: los ríos, los bosques, los árboles, las flores, los animales y tantos otros elementos. El cristiano sabe ver todo con los ojos de Dios y desarrolla una mente positiva, porque el que tiene fe, tiene mente positiva. Así son los hombres y las mujeres que son de Dios.
El que es criatura nueva intenta hacer mejor aquello que ve que está mal. Intenta transformar un desierto en un jardín - su familia, profesión, ciudad, país. Si quiere aceptar a Cristo Jesús como su Señor y Salvador, búsquelo, renuncie a todo que sea pecado y acepte este ofrecimiento que Cristo le hace para comenzar una nueva vida. Si está dispuesto a emprender este camino, no dé marcha atrás y busque primero el reino y luego lo mejor para usted y los suyos. Dios le dará la fuerza y el poder para lograrlo, porque con Él, usted será. . . ¡invencible!