Una nueva pedagogía
¿Qué sucedería si cada 4 años se cambiasen los nombres de las calles, las direcciones y sentidos de las carreteras, se cerrasen rotondas y se abriesen tramos de carreteras nuevos y paralelos a los ya existentes, se cambiasen los códigos numéricos de las señales en las autopistas al abrigo de una responsabilidad política?
Algo parecido lleva sucediendo durante muchos años en el ámbito de la educación y de la enseñanza. Cambios, reformas, más cambios, recambios, leyes, derogación de leyes y nuevas rotondas. Así es muy complicado situarse en el mapa y mucho más difícil seguir rutas para alcanzar destinos atractivos e interesantes.
Las políticas educativas no pueden depender con exclusividad de los políticos, sino también, y quizá con similares competencias, de personas que sean especialistas en materia educativa y que sepan que la formación de niños, adolescentes y jóvenes está compuesta, además de desarrollos curriculares basados en especialidades académicas, en una atención global al desarrollo y la construcción de cada persona. Cada alumno es confiado a un sistema educativo para que durante el tiempo que pase en él pueda adquirir destrezas y desarrollar capacidades que le posibiliten una vida llena de posibilidades. Por esto es preciso que la educación no esté sometida a vaivenes dependientes de izquierdas o derechas. Un buen sistema educativo deber ser estable, de calidad, de valores, donde la persona sea lo más importante. Un sistema educativo que esté en constante mejora, con profesionales comprometidos y convencidos que su labor es muy importante. Y justamente recompensados. Un sistema educativo que atienda todas las dimensiones del ser humano. ccs@solidarios.org.es
Alfonso Echávarri G.
opinion@epasa.com
Psicólogo.