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Una obra de amor…

Por: Redacción 03/07/2014

La Caja de Seguro Social es la manifestación más grande de amor que el Dr. Arnulfo Arias dejara a su pueblo como médico en calidad de presidente de la República de aquel entonces. Todo aquello que sea contrario a ese amor lesiona el espíritu con que fue creada esta institución, que tanto ayer como hoy ha sido bastión de intereses políticos y partidistas que ven al Seguro Social como un “Vellocino de Oro”.

Este centro de servicios médicos-hospitalarios es una institución debidamente organizada que proporciona a sus servidores públicos una escala salarial cónsona con el nivel técnico y profesional que cada uno de ellos posee. Pretender formar parte de su equipo de trabajo con la intención de ajustarla a nuestro ideal de vida, nivel económico y confort, no es su propósito ni mucho menos ir más allá de una justicia médico social equilibrada, y aunque a veces se diga que las luchas de los diferentes gremios asociados sean en contra de ciertas deficiencias administrativas y hospitalarias, siempre terminan pidiendo el cielo y la tierra para el beneficio de ellos.

Sabido es que Suntracs, Comenenal y los gremios magisteriales son verdaderas legiones romanas capaces de doblarle la rodilla a cualquier gobierno, ya sea “por la razón o por la fuerza”; y a pesar de que el nuevo gobierno diga que Ricardo Martinelli les está sembrando el camino de espinas, es injusto y apasionado, pues deberían prestar más atención a estas fuerzas cogobierno, que ya salieron en televisión en una mesa de trabajo (por no decir Gabinete) para intimidar al Sr. Varela, presidente electo, diciéndole qué debe hacer y qué no debe hacer, mientras los panameñistas distraídos, cazando brujas, no se darán cuenta en la Asamblea ¡quién en realidad manda en Panamá!

Esto me recuerda al general Omar Torrijos que una vez dijo: “El que se mete con Royo se mete conmigo”, y el que se mete con el Seguro se mete con Arnulfo, digo yo. Y esto es algo serio. ¡Miren!, a nadie escapa que el Seguro está arropado con la mística del Dr. Arnulfo Arias, cuya vida médica y política es fascinante, como médico está inmortalizado en su obra y como político ni se diga; cuentan por allí que el Dr. Arnulfo Arias peleó en las calles de Colón, donde recibió un balazo en la garganta que lo mantuvo hospitalizado por largos días en el Hospital Panamá; peleó por todas las calles de la ciudad y el 10 de mayo de 1948 se enfrentó a la caballería y a las bayonetas de la Policía Nacional, junto con sus seguidores, que después en Piedra Candela, algunos arnulfistas combatieron a sangre y fuego a favor de su líder; viejo pero erguido como un roble, enfrentaba en Panamá a las tropas golpistas de Omar Torrijos, quien lo mandó al exilio, pero lo que nunca pudo enviar al exilio fue su obra inmortal, la Caja de Seguro Social.

Dicen que era rosacruz, los atrevidos lo llamaron el brujo de Arco Iris y era tan grande su carisma que los pie de guerra temblaban cuando oían decir ¡ahí vienen los arnulfistas car…!, dicen que hasta los edificios públicos temblaban.

He traído todo esto a colación porque algunos despidos que se han dado en el Seguro parecen revivir dos sentencias del galeno bonapartista, una de ellas dice que “la historia se repite en espirales” y la otra ¡volveremos!”.

En cuanto a la primera, escuché en algunos programas de opinión decir que se espera que los despidos hechos recientemente en el Seguro no sean iguales al del profesor Andrés Rodríguez, quien después de haber sido botado y restituido por la ministra Lucy Molinar le hizo la vida de cuadritos a ella y a toda la educación pública en particular. Otro dijo que le gustaría ver a los huelguistas cara a cara con el Dr. Arnulfo Arias cuando afectaron el funcionamiento médico-hospitalario de su obra más amada; entonces me imaginé escucharlo: ¡Jovencitos…!

No es para menos su otra sentencia ¡volveremos!, porque ha vuelto y está en el rostro de cada viejito, cada jubilado, cada pensionado y cada niño a los que se les negó asistencia médica por la bendita huelga.

A pesar de eso, la Caja de Seguro Social siempre será un milagro, así como el milagro que vi, cuando el amor de una madre sumida en la más cruel pobreza, curaba a su hija, fatalmente enferma, con una medicina que ella había inventado, y se la suministraba tres veces al día; la medicina era agua con raspadura en una botellita que decía: amor-jarabe-mamá.

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Viernes 7 de agosto de 2026