Una opción ganar
El dilema que obsesiona a los trabajadores con respecto al tema del salario mínimo también desvela a los empleadores. Por eso la necesidad de hacer la siguiente pregunta: ¿Debemos elegir la creación de empleo o la equidad social?
El modelo estadounidense ocupa uno de los extremos del espectro. En el otro, se ubica gran parte de la Europa continental que casi no ha tenido incremento neto del empleo privado desde la década del 80. Estados Unidos implícitamente eligió crear una gran cantidad de puestos de trabajo acompañados de desigualdades crecientes en cuanto a salario y beneficios. Su tasa oficial de desempleo es la más alta de los últimos veinticinco años. Y además un gran sector de sus trabajadores ha tenido que experimentar el estancamiento o la rebaja de su salario. Actualmente, el salario medio real está por debajo de su nivel del año 2001.
En España, Francia y Alemania, el desempleo ronda los dos dígitos. Sin embargo, la distribución del ingreso es mucho más equitativa en Europa que en los Estados Unidos. Mientras los trabajadores estadounidenses del 10% superior ganan unas cinco veces más que los del 10% inferior, los trabajadores alemanes del 10% superior ganan sólo dos veces más que los del 10% inferior.
¿Cómo se explican estas diferencias? La rápida globalización y el cambio tecnológico generalizado han reducido la masa trabajadora de todos los países avanzados. Sus tareas, que a menudo implican algún tipo de producción rutinaria, ahora pueden realizarse con menor costo en otras partes del mundo o a través de computadoras dentro del país. En los Estados Unidos, donde casi no hay restricciones a lo que pueden hacer los empleadores, donde los sindicatos son débiles y las redes de seguridad social son delgadísimas, muchas personas pasaron a ganar menores sueldos. En gran parte de Europa occidental, donde los empleadores no pueden despedir trabajadores con facilidad, donde los salarios todavía se fijan por negociación colectiva y donde los beneficios sociales son suficientemente generosos para vivir, muchos perdieron el empleo y dependen de la ayuda social.
El debate político acerca del empleo y los salarios en estos países se reduce a qué lugar ocupa uno en este espectro de empleos y equidad social. Pero dado que cada extremo es problemático, los votantes dan señales de que quieren cambios de dirección. Esto explica parcialmente por qué las elecciones desde 1992 en los Estados Unidos y desde 1997 en Europa se caracterizan no tanto por marcar un cambio de la derecha hacia la izquierda sino por señalar una ruptura con la derecha y la izquierda tradicionales.
La pregunta crucial entonces es si existe un tercer camino, una combinación de políticas que ayuden a las economías avanzadas a lograr más de ambas cosas: más puestos de trabajo y más equidad. Una mirada más detenida a los factores fundamentales de la elaboración de políticas económicas indica que sí lo hay. Es casi imposible crear más puestos de trabajo si los empleadores temen contratar personal por miedo a quedar atados a permanentes aumentos de su planilla de pagos. Los empleadores deberían poder despedir a los trabajadores innecesarios o de mal desempeño y ajustar los salarios según las demandas del mercado.
Las pequeñas trabas a que se ven sometidos los empleadores para hacerlo y que apuntan a una mayor equidad (salario mínimo, preaviso obligatorio antes del despido, modestas indemnizaciones) son buenas en la medida en que sigan siendo pequeñas. La flexibilidad bajará los salarios, a menos que los trabajadores posean habilidades para las que exista demanda. Una mano de obra flexible requiere, primero, amplias oportunidades de recibir educación primaria, secundaria y universitaria de alta calidad, contar con capacitación técnica y sistemas de aprendizaje, tener acceso a la educación superior y permanentes oportunidades para adquirir nuevas habilidades.
¿Es posible esta opción? Ningún país ha logrado concretarla, pero es la única ruta que vale la pena intentar.
Empresario.
