Una opinión independiente y alternativa

Por: Redacción 23/08/2017

En dos de las más recientes declaraciones de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá (CCIAP), ambas publicadas en su serie "La Cámara Opina", se han realizado importantes pronunciamientos, los que, por su naturaleza y contenido, merecen ser comentados desde una visión alternativa y disidente.

La primera de estas opiniones, publicada con el título de "Veinticuatro meses para atender asuntos críticos", la CCIAP se propone como un objetivo fundamental "recuperar la confianza ciudadana en la clase política y las instituciones fundamentales de una democracia participativa". Este documento, pese a todo, no detalla claramente cuáles son esas "instituciones fundamentales". Sin embargo, en su segunda opinión, divulgada bajo el título "Panamá, la república que queremos", sí aborda el tema, aclarando que las instituciones deben responder a "un sistema de libre mercado y empresa", llegando a proponer un sistema educativo que forme a las personas para que los mismas estén "conscientes de que los Gobiernos no están… para regular mercados, y saben que cuando los gobernantes lo hacen, están debilitando la democracia". Se trata sin duda de una posición basada en el fundamentalismo de mercado.

Es inaudita, por ejemplo, una sociedad en que el Estado, en nombre del libre mercado, deje de regular la forma en que ingresan los medicamentos al país y que deje de regular, con el fin de lograr un ambiente de justicia social, las relaciones laborales. Más aún, se trata de una posición que no puede defenderse ni siquiera a partir de la teoría económica neoclásica tradicional.

De acuerdo con dicha teoría, el libre mercado solo generaría una situación calificada como "óptimo de Pareto" si se cumple con un conjunto muy estricto de condiciones: la presencia de agentes económicos perfectamente racionales; un número elevado de compradores y vendedores, de manera que cada empresa sea lo suficientemente pequeña como para no poder afectar el precio de mercado (ausencia de monopolios y oligopolios); productos perfectamente homogéneos (por ejemplo, ausencia de marcas); libre entrada y salida de los mercados; información completa, perfecta y simétrica para todos los compradores y vendedores. Son supuestos tan difíciles de encontrar en la práctica que han dado lugar al hecho de que los economistas sabemos perfectamente que los mercados están plagados de las llamadas fallas de mercados, es decir, de situaciones en que los mercados no son capaces de generar el óptimo pareteano, por lo que la actividad reguladora del Estado resulta necesaria para corregir dichas fallas.

También es sabido que la teoría económica tradicional establece que aun cuando el mercado alcance un óptimo de Pareto, no es posible sacar de este hecho la conclusión de que estamos en una situación óptima, o por lo menos regularmente adecuada, en relación con la distribución del ingreso. Seguramente, los economistas de la CCIAP, que habrán estudiado los dos teoremas del bienestar, conocen esta situación a cabalidad.

Si bien la idea de un debate nacional propuesto por este organismo es una idea interesante, lo cierto es que este debe hacerse sobre bases científicas, evitando las formas ideológicas que solo sirven para encubrir intereses económicos.

Economista

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