Una oración por Sandra
En el transcurso de nuestra vida conocemos personas que nos dejan huellas profundas. Conocer a Sandra de Vega, una chilena de nacimiento, panameña de corazón, es uno de los episodios que más aprecio. Con su amistad he reforzado mi amor a Dios, a ser perseverante, a valorar más la vida y a sonreír, aunque sobren motivos para llorar.
En Panamá, el cáncer de mama es la segunda causa de muerte entre la población femenina. En el primer semestre de este año, 229 mujeres han sido atendidas en el Instituto Oncológico Nacional. Sandra lleva 15 años enfrentando este flagelo, lo que la convierte en una sobreviviente y en un símbolo de lucha contra esta enfermedad.
El cáncer le ha robado toda calidad de vida, pero no la esperanza. Le ha bajado el tono de su voz, pero no ha cerrado sus labios para orar; le dificulta el ritmo de su respiración, pero no las fuerzas para seguir luchando.
Además de los tratamientos médicos, estoy convencida de que su fe en Dios la sostiene, es su vara y su callado, su inyección de vida.
Su enfermedad no solo le ha cambiado su vida, también la de su familia y amigos. Me desmorona su fragilidad. Los momentos en los que disfrutábamos de una buena conversación han pasado a un apretón de manos y, las risas a sonrisas para evitarle esfuerzos.
Sin embargo, oírla hablar de su inmenso amor hacia Dios, Jesús y la Virgen, me fortalece y hace que mis preocupaciones cotidianas se esfumen porque simplemente son nada comparadas con lo que ella está atravesando. Es una mujer extraordinaria.
Cada días ruego a Dios por un milagro de sanación, y para ello te pido una oración por Sandra y por todas las mujeres que en este país batallan, día a día, contra al cáncer. “Donde dos o más estén reunidos orando en mi nombre, ahí estaré yo“, dijo Jesús.
