Una petición que se repite para esta Navidad y el venidero 2013
Hemos vivido un año lleno de conflictos sociales por diversas causas, y en todos esos episodios, la palabra “diálogo” terminó por imponerse ante la intransigencia, las acciones radicales y la falta de consultas.
En cada una de las pugnas, las iglesias han jugado su rol de mediadoras, lo que ha permitido apaciguar las aguas y llegar a puerto seguro con acuerdos alcanzados.
No es una labor fácil, partiendo del hecho de que deben sentarse las dos partes en disputa, que en todas las ocasiones han dejado saber su descontento en las calles, con enfrentamientos que, lamentablemente, han cobrado hasta víctimas fatales.
En esta Navidad es digno reconocer el papel que ha jugado la Iglesia católica y cristiana por evitar que en Panamá ocurrieran más hechos trágicos.
Y en ese menester, el definir metodologías, trazarse ejes de discusión, escuchar las peticiones, los planteamientos y hasta limitar el tiempo de intervención para evitar que las negociaciones se convirtieran en manifestaciones, no es tarea fácil ni para los que hayan participado en la mediación de conflictos.
Sin embargo, a esa función no se debería llegar en estos tiempos cuando lo que se pide es tolerancia.
No necesitamos llegar a luchas como las acontecidas en la comarca Ngäbe-Buglé y en Colón para que abramos los ojos.
En el tema indígena se aceptó que no hubo comunicación y para llegar a puntos de entendimiento se tuvo que derramar sangre.
En el caso de Colón, fue como mirarse en el espejo y luego, también se admitió que no hubo la suficiente consulta.
Pidamos, entonces, que para 2013, haya más consulta y el tiempo necesario para discutir los proyectos que se quieran ejecutar, sin imposiciones, “madrugonazos” ni “trasfondos” que después nos lleven a llorar a nuevas víctimas.