default

Una pregunta al Presidente Martinelli


El famoso historiador y político italiano Nicolás Maquiavelo tenía una idea pobrísima de la humanidad. El dijo: “ En términos generales, los hombres son ingratos, volubles, hipócritas, cobardes ante el peligro y codiciosos”. Y ese hombre, que en el fondo fue un idealista, murió en la miseria y nunca obtuvo beneficios de los grandes y profundos conocimientos que tenía sobre la política y los políticos. En su obra El Príncipe aconseja cómo se debe gobernar, sin embargo, los mismos príncipes ( gobernantes) lo despreciaron y lo mantuvieron al margen del poder. Era, como decía el humorista español Enrique Jardiel Poncela, “ un perfecto sinvergûenza teórico”.

Dicen en una revista religiosa, que Jesús nunca quiso ser político. Que el pueblo, al ver su poder para hacer milagros, su capacidad de liderazgo y su interés en el bienestar de las personas, llegaron a la conclusión de que Jesús sería “ un rey ideal”; y trataron de presionarlo para que participara en la política de su tiempo. Pero, sabiendo cuáles eran sus intenciones, “ se retiró a la montaña, él solo”. “ Era obvio que no tenía ninguna intención de intervenir en la política del país”. Y cuando en una ocasión le insistieron, dijo: “ Mi reino no es de este mundo”. ¡Sin ser político, vean cómo lo humillaron y lo arrastraron¡… ¡Qué le hubieran hecho si lo hubiera sido!

Todas estas cosas me llevaron a pensar, qué hizo que el Presidente Martinelli se decidiera por la conquista del poder. ¿Qué le atraía del poder político? Evidentemente que no fue el dinero, porque hizo público que renunciaba a sus sueldos de todos los años que gobernaría. Entonces, si llevaba la vida de un hombre rico, tal vez uno de los más ricos del país, ¿ qué fue lo que le atrajo tanto de ese profundo pozo de lodo que llaman el poder? Es evidente también que él no es un político, y las cosas se le complican y se le escapan de sus manos. Nadie sabe ahora cómo terminará su gobierno.

El había sido un próspero y brillante empresario. En sus empresas era una especie de Rey Midas, que todo lo que tocaba se convertía en oro. Su voluntad era obedecida, y su poder no dependía del poder de los demás. Daba la impresión de ser un hombre independiente y libre, tal vez hasta feliz. Entonces, qué le hizo meterse en las pestilentes y peligrosas aguas de la política. Así, llegó a la presidencia de la República, lo que él creía, supongo, que era una especie de paraíso. Pero pronto se dio cuenta de que la cosa era muy diferente: “ Tengo pocos amigos, y muchos manzanillos”. Y ahora, que sabe lo que es el poder, en toda su ingrata bajeza, quiero hacerle la pregunta siguiente: ¿No echa de menos la vida muelle y tranquila de poderoso empresario que llevaba antes de ser Presidente de la República? Perdone la indiscreción, señor Presidente…