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Una propuesta incómoda


El ofrecimiento del gobierno panameño para actuar como mediador entre Colombia y Venezuela, probablemente será visto en el contexto latinoamericano como una estratagema aislada de las fuerzas conservadoras regionales y, con toda seguridad, infructuosa.

Dado la creciente tensión diplomática, que esta semana llegó al rojo vivo luego de las duras denuncias estrictamente militares y de larga data que hizo Colombia, y que respondió Chávez con el rompimiento de relaciones diplomáticas con ese país, se recrudece abiertamente el complejo conflicto en la frontera entre los dos países latinoamericanos. ¿Qué papel podría jugar Panamá en este difícil escenario? La mediación de Panamá resulta inquietante, pues la misma -en el dudoso caso de prosperar- se daría a través de la cancillería que encabeza Juan Carlos Varela, caracterizada por la inexperiencia diplomática para precisar posiciones panameñas cónsonas con el movimiento integracionista y conciliador que se está abriendo paso, con éxito, en todo el continente pese a los enfrentamientos inútiles entre Uribe y Chávez. Por otro lado, la neutralidad panameña será cuestionada, pues en el fondo de las discrepancias fronterizas entre Colombia y Venezuela, está el tema de las bases militares (con los nombres que se le han dado) instaladas recientemente en naciones como Costa Rica, Colombia y Panamá. La paradoja es que no hay conflictos militares entre los países latinoamericanos. En cambio el período se ha caracterizado por el impulso integracionista, por lo cual Panamá debe reiterar su vocación neutral que la ha beneficiado siempre.