Una propuesta indecorosa
Frente al creciente clamor en favor de un aumento general de salarios, el cual surge de las dificultades de los trabajadores golpeados por la implacable inflación, los altos personeros de la cúpula empresarial especulativa han optado por esgrimir una propuesta efectivamente indecorosa. De acuerdo a esta dicho aumento no sería viable sin que previamente se diera un incremento de la productividad del trabajo, que se lograría con una nueva reforma del Código de Trabajo. Se trata de una tesis que, en las condiciones panameñas, solo puede ser calificada de cínica, interesada y carente de base científica.
En la argumentación en referencia se opta por olvidar lo que, sobre todo después de la condena a las empresas petroleras por prácticas monopólicas, resulta evidente: la inflación en Panamá es en buena medida el resultado de las actividades especulativas del comercio local, que han llevado a que entre el 2000 y el 2009 se registrara una caída del 21% en la participación de los salarios en el producto del país. Más allá de esto la falta de objetividad científica y el carácter mistificador del planteamiento de la cúpula de la clase dorada se evidencia más claramente al tener cuenta la reciente trayectoria del coeficiente de la productividad del trabajo a nivel nacional.
En efecto, si se calcula la productividad del trabajo a partir de las estadísticas que proporciona el INEC, se puede establecer que entre el 2004 y el 2009 este indicador se incrementó en aproximadamente el 25%, tendencia que se mantuvo en el 2010 cuando en un solo año la productividad se elevó en 6.2%. Este crecimiento, sin embargo, no se ha visto reflejado en el aumento de los salarios reales, los cuales mostraron un crecimiento de apenas el 1% entre el 2004 y el 2009. Se trata de un fenómeno que los voceros de la clase dorada han venido ocultando de manera celosa, ya que este demuestra que mientras que la productividad se ha elevado, los salarios se han estancado, permitiéndole a los oligopolios apropiarse plenamente del resultado del mayor rendimiento económico. Más aún, estas estadísticas descubren la enorme carga de cinismo que existe en la doctrina oficial, según la cual el trabajo siempre se remunera por su producto marginal, a la vez que muestran que la posibilidad de un incremento general de los salarios no es solo una necesidad que surge del impacto negativo de la inflación sobre la fuerza de trabajo, si no que el mismo, además, está plenamente justificada por el notable incremento de la productividad que se ha dado en el país. Se trata de una medida de justicia distributiva, la cual deberá ser acompañada del congelamiento de la canasta básica. Es incuestionable, vale la pena añadir, que no estamos frente a un simple olvido o desconocimiento de la realidad por parte de los sectores dominantes. Nos encontramos ante una política que busca velar la realidad con el fin de mantener los privilegios de los cuales gozan unos pocos a costa de la mayoría. Esta debe ser denunciada.
