Una solución al estrés
Estamos inmersos en una carrera vertiginosa hacia la aniquilación personal con tal de que se salve el negocio, adquiera uno más fama o prestigio o inclusive dejemos a la familia asegurada económicamente. Se paga un precio exorbitante por tener y vencer: el de la salud emocional y física que queda tirada en el camino. Soluciones: ejercicio físico, una dieta saludable, evitar bebidas alcohólicas, dormir más horas, salir al campo, tener sanas distracciones, ocupar más tiempo con la familia, cultivar amistades. Todo eso está bien, pero hoy le presento lo que podría ser lo medular para pacificar su alma: “recogimiento”. ¿Y qué es eso?
“HAY QUE RECOGER EL CORAZÓN, TODO NUESTRO SER BAJO LA MOCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO, HACER QUE CAIGAN NUESTRAS MÁSCARAS Y VOLVER NUESTRO CORAZÓN HACIA EL SEÑOR QUE NOS AMA...
Recogimiento es estarse dentro de uno mismo y contemplar el misterio divino que lo abraza y lo inunda a uno con su amor infinito. Es apartarse para encontrarse; es hacer silencio para poder oírse; es refugiarse en el “monasterio interior” donde encontramos al Divino Señor y entablar una relación de amor con quien es el Todo para nosotros. “Dios, pues, está escondido en el alma y ahí le ha de buscar con amor el buen contemplativo, diciendo: ¿Adónde te escondiste Amado?” (Juan de la Cruz). Hay que recogerse, internarse en el “castillo interior donde hay varias moradas” e incursionar esas etapas del crecimiento espiritual, dejando apegos y deseos desordenados, sacrificando cosas buenas por lo mejor y así estar dispuestos a contemplar el misterio del Amor Divino que está dentro de nosotros. Recogerse es buscar integrar los “pedazos” partidos por emociones descontroladas por el temor y rencor y desde allí, ir sanando, purificando el alma, para encontrar la presencia silenciosa del que Todo lo Es y lo puede y así recuperar la armonía perdida.
El gran mal de nuestro tiempo está en que todo conspira para que no entres en ti mismo; una cultura llena de ruidos, distracciones, exceso de información, tensiones y conflictos, preocupaciones obsesivas y mucha superficialidad. Mucha gente vive alienada, “fuera de sí misma”, enfocada toda su atención en lo exterior. Para vencer este estrés que nos está matando, “hay que recoger el corazón, recoger todo nuestro ser bajo la moción del Espíritu Santo, habitar la morada del Señor que somos nosotros mismos, despertar la fe para entrar en la presencia de Aquel que nos espera, hacer que caigan nuestras máscaras y volver nuestro corazón hacia el Señor que nos ama, para ponernos en sus manos como una ofrenda que hay que purificar y transformar” (Catecismo de la Iglesia católica).
San Agustín, que tuvo por muchos años su gran conflicto interior por las filosofías reinantes y luego por su pecado de la carne, cuando se convirtió dijo: ¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo… Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti”. De hecho, Dios se deja ver en la soledad interior, pero para eso hay que apartarse y hacer silencio. “Si somos templos de Dios y el Espíritu de Dios habita en nosotros, es mucho más lo que cada fiel lleva en su interior que todas las maravillas que contemplamos en el cielo” (S. León Magno).
El recogimiento implica una lucha contra el mundo que insiste en mantenerte cautivo con sus atractivos y fuera de ti y “recogerse” es la actitud, el esfuerzo y los actos concretos que me apartan de las garras de la alienación y me ubican en el lugar silencioso, apacible, acogedor donde dedico tiempo y energía a la oración, meditación y contemplación. Recogerse es silenciar y pacificar el alma para disponerla al diálogo con el Señor. “¡Oh alma hermosísima, más que todas las criaturas! Ya sabes el lugar que deseas. Ya sabes dónde se encuentra tu Amado para buscarte y unirte con Él. Tú misma eres su morada. Tú misma, el escondite donde está escondido. ¡Alegría grande debe darte saber que todo tu bien y esperanza está tan cerca de ti, que está en ti misma!” (Juan de la Cruz).
Quien “se recoge” continuamente baja sus niveles de estrés, ya que pone todo en su lugar: las cosas del mundo son relativizadas, las preocupaciones y angustias apaciguadas y la paz que da el Señor inunda el alma porque Dios se hace su Señor, el más importante y con él es invencible.