Una tarea aún pendiente
Panamá, sin duda alguna, conforme a los datos estadísticos que se nos brindan respecto al crecimiento económico del país, evidencia ser una nación a la vanguardia en desarrollo económico y por ello estamos muy por encima de un gran número de naciones que, antes, hacían de nosotros nula comparación y no servíamos como referentes de desarrollo y progreso.
Hoy nos consultan y nos quieren emular, aproximarse, en lo que toca a nuestros avances y de cómo una nación pequeña se ha agigantado en el consorcio de las naciones empleando herramientas propias, medicinas propias y métodos propios. Sencillamente hemos concebido nuestras propias estrategias del desarrollo.
Bien podríamos decir que se trata de un desarrollo económico a nuestra manera. Y sostengo que a “nuestra manera” en ocasión de que aquí, todos juntos, sin exclusión de nadie, hemos aportado nuestro grano de arena para que Panamá avance y progrese. Esto, claro está, sin descartar las políticas óptimas desarrolladas o adoptadas por el Estado panameño, a través de su gobierno, para que se establezcan las reglas de cómo propiciar el germen del desarrollo y de cómo, además, mantenerlo y se incremente. Sin embargo, amén de este panorama halagador, quedan tareas pendientes.
No hemos logrado aún empinarnos sobre el tema de la canasta básica; quedan aún palpitantes y gravitantes los problemas de la inseguridad ciudadana y la alta criminalidad. No sin dejar de mencionar lo referente a los sistemas de salud y lo atinente al problema del agua, siendo que miles y miles de panameños se ven privados, a diario, del vital líquido. No podemos tampoco dejar de mencionar los extensos cordones sociales que hacen las mayorías marginadas de progreso y desarrollo. El ingreso per cápita, frente al venturoso veranillo económico, se muestra como irrisorio o bajo con miras a una mercadotecnia que no deja de inflar y subir a diario los productos.
El país, de seguro, se mostrará contento y feliz con las obras e infraestructuras que se están desarrollando; sin embargo, sigue viendo que su plato en el desayuno, almuerzo y cena, cada día escasea más. Al escasear, tenemos a un pueblo con hambre y es causa de infortunios que conducen a la adopción de medidas, en no pocas ocasiones, drásticas y cruentas. Los dirigentes de la clase política en turno deben medir su efectividad de gobierno, no tanto en lo que se construye, sino en la tranquilidad social que demanda, prima facie, ser satisfechas con buenos ingresos, buenos salarios, que permitan tener acceso a los alimentos, a mejores viviendas, Y mejores condiciones de vida.
Abogado.