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Una vergüenza más

Por: Redacción 16/03/2017

La situación generada entre la Asamblea Nacional y el Órgano Ejecutivo solo llama a la reflexión, pero también a señalar el descaro y el poco importa de los actores, en los que los ciudadanos somos convidados de piedra de sus intrigas y negocios. No es posible que toda la podredumbre que emana del Palacio Legislativo sea excusada con el increíble argumento de que siempre se ha hecho así y, por lo tanto, los actuales diputados no están haciendo nada que no se conozca.

Y estos son los que hacen nuestras leyes. Y estos son los fiscalizadores del Ejecutivo y el Judicial. Pero lo peor de todo es que su función no la realizan, sobre todo, porque no conocen cuál es la naturaleza de las mismas.

Un diputado debe legislar. No entiendo cuál es la parte de esto que no se comprende. Los diputados no tienen que hacer nada con gestiones de recursos, donaciones, regalos, etc. En realidad, se han atribuido funciones que no les competen, con la complicidad del Ejecutivo, que ha encontrado la forma de someterlos.

Los electores somos los grandes responsables de todo esto. Cada asamblea, luego de las elecciones generales, cuenta con una enorme cantidad de diputados que se reeligen. Algunos, con un mínimo rendimiento parlamentario.

Al no ser exigidos, al no tener ningún control, o peor aún, al no tener ninguna forma de rendición de cuentas, se convierten en unos funcionarios electos con carta blanca para hacer lo que quieran, cuando quieran y donde quieran. Peor aún, con los recursos del Estado. Un Estado paquidérmico, que es sangrado por cada gobierno con innumerables subsidios a cuanta organización no puede ser alineada a los designios de los nuevos gobernantes.

Es de entender que nuestro país se encamina rápidamente a una etapa de anarquía e ingobernabilidad, disfrazada de régimen democrático, pero al servicio de unos muy poco claros y nebulosos intereses.

Tenemos que entender que lo que sucede políticamente en el país nos incumbe a todos. Es imposible que Panamá mejore su sistema democrático si insistimos en dejar en unos pocos, con sus propios intereses se encarguen de la cosa pública sin más.

El tono de la discusión política, si se le pueda llamar así, es crispado y bajo. La justicia está en su peor momento de credibilidad. La economía está herida gravemente en su inversión interna, lo cual no significa que eventualmente suceda lo mismo con la inversión externa.

Y para colmo, nos encontramos en espera, como el que aguarda el estreno de una película, de la información que llegue desde Brasil sobre el caso internacional de sobornos.

No necesitamos ser tratados como un pueblo de pedigüeños y adictos a la cosa pública. No es necesario seguir embruteciendo a los panameños con una educación paupérrima, sin debate, sin innovación, dando la espalda a los nuevos avances de la tecnología.

Es importante que quede claro que nuestro país no es solo una ciudad con edificios altos. No se nos debe seguir tratando como los peones de una finca, cuyo mayoral solo está al servicio de intereses de los de su clase, sometiendo a los que le trabajan la tierra y cuidan sus bienes a costa de los demás.

Ingeniero de Sistemas.  Estratega-Consultor Político.

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Miércoles 15 de julio de 2026