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Una víctima de abusos

Por: Redacción 25/03/2017

Monseñor, soy una mujer desdichada. Nunca he sido feliz. Cuando niña sufrí abuso y luego fui violada en repetidas ocasiones por mi padrastro y por un tío. Eso empezó a ocurrir más o menos desde los tres años de edad y pasó hasta los diez años. Fui amenazada de muerte por el esposo de mi madre si decía algo. Crecí con miedo y con rabia. Al principio recuerdo que no entendía lo que pasaba, y luego poco a poco fui creyendo que eso era normal en las familias. En una conversación en la escuela con unas amiguitas, tres de ellas confesaron que les pasaba igual. Pero llegó un momento en que me fui rebelando a eso, en parte por el dolor físico que sentía cuando me usaban y además por el asco que tenía a ese señor y así también pasó lo mismo con mi tío. Eran dos seres asquerosos tanto física como moralmente. Mi padrastro le pegaba a mi mamá y venía algunas veces borracho a usar de ella. Yo me daba cuenta de eso. Le fui cogiendo una rabia a ese señor y todavía hoy la siento. Vivíamos bajo un régimen de terror con momentos de paz y de regalos que nos tranquilizaban por un rato. Hace mucho tiempo nos dejó y se fue a los Estados Unidos. Dicen que allá murió en un accidente. En cuanto a mi tío, murió asesinado por venganza del papá de una adolescente que tenía de empleada doméstica, porque abusó de ella y la dejó embarazada. Yo he querido casarme, pero no creo en los hombres. Los odio.

Cruel historia la de su tío y su padrastro. Me duele mucho que eso le haya ocurrido. Los traumas que tiene le impiden apreciar que en la vida no todos los hombres son así. Le pido sométase a una terapia espiritual y psicológica y libérese de eso y otórguese el derecho de ver la vida de otra manera y de casarse con un hombre bueno, que los hay. Eso sí, sepa elegir con calma a la persona con quien quiera casarse. Como parte de la terapia es urgente que usted perdone a esos dos degenerados. Son personas que generalmente han sufrido abuso también cuando niños, con complejos grandes que quieren vencer usando criaturas a las que pueden dominar psicológica y físicamente, y así, vengarse de su pasado. Su sadismo los hace sentir placer haciendo sufrir a gente indefensa.

Pero le pido que no viva usted aferrada al pasado. Fue víctima de una realidad triste y dolorosa, pero tiene que abrirse al presente y ver la vida de otra manera. Si ya fue víctima de personas sin escrúpulos, no sea ahora víctima de su propia amargura recordando obsesivamente esos sucesos que ya quedaron atrás. Hay que purificarse de esos recuerdos negativos dejándolos en el pasado que ya está muerto. La clave es vivir el presente plenamente y preparar lo mejor posible el futuro, recordando solamente del pasado para aprender y ayudar a otros.

Es urgente que usted busque una sanación profunda en las manos de Cristo Jesús, el médico del alma, quien la ama, la bendice y la protege y no se olvide, que con Dios usted es invencible.

Monseñor

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Miércoles 15 de julio de 2026