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Una vida con valores

Por: Redacción 30/01/2014

Marisín Villalaz de Arias /Médico-Rotaria. Colaboración Comisión Valores Cívicos y Morales-Club Rotario de Panamá. (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Emile Zola, eminente escritor francés, hizo una afirmación trascendente cuando dijo que el hombre solo llega a la madurez cuando escribe un libro, siembra un árbol y tiene un hijo como tres vidas diferentes. Dijo: “El hijo perpetúa su nombre, su carne y su alma y constituye un eslabón en la cadena de la eternidad; el libro establece la prioridad de lo intelectual y lo espiritual en el orden de los valores humanos; el árbol, en fin, nos recuerda que no solo de ideas vive el hombre, sino también de pan”.

LOS VALORES NO TIENEN TAMAÑO NI COLOR, SE LO DAMOS NOSOTROS AL PRACTICARLOS A DIARIO Y ENSEÑÁNDOLOS A LOS QUE NOS RODEAN.

Pensando y analizando, el hogar y la familia son los que encuadran a estos tres elementos porque el hijo nace en su seno; el libro es parte de la familia porque lo escribió un miembro de la misma y el árbol se siembra dentro de los linderos de ese hogar. Sin la familia, la sociedad humana no existiría porque aquella es la célula principal de esa sociedad. Igualmente, esos tres elementos son valores que unen a un matrimonio como parte de la vida personal e identifican los otros valores trascendentes como guía.

Si se cuida el árbol que sembraste, perdurará como lo ha hecho en una de mis casas familiares con uno de más de 100 años y aún da frutos. Los hijos te perduran y, por todas las generaciones siguientes, va tu nombre y tu herencia de genes y costumbres. Por experiencia propia puedo decir que al escribir un libro, sin poner ninguna letra en el mismo, tu entorno familiar se beneficia, se siente satisfecho y lo hace perdurar más allá del final de tu existencia.

El florecimiento de los valores y virtudes depende, en gran medida, de lo que se cree, de lo que se piensa de uno mismo y de la vida. Si el fin de nuestra existencia se ubica en esta vida, vivámosla con valores y aprovechemos los mismos para caminar erguidos y con la frente alta. Si bien es cierto que los valores son inmateriales, una vez que los practicamos, los materializamos porque forman parte de nuestro entorno, de nuestro ser y de nuestra existencia. Los valores no tienen tamaño ni color, se lo damos nosotros al practicarlos a diario y enseñándolos a los que nos rodean.

Tengamos un hijo o más; sembremos uno o más árboles y escribamos todos los libros que podamos para alcanzar la felicidad.

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Lunes 10 de agosto de 2026