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Una violencia incalificable


En pleno siglo XXI los datos sobre la violencia doméstica son alarmantes. El prestigioso Instituto Sangari del Brasil, informa en su riguroso Mapa de la Violencia 2010, que cada 2 horas es asesinada en ese país, una mujer por parientes, esposos, novios, ex, u hombres rechazados. El 40% de las mujeres asesinadas tenían sólo entre 18 y 30 años. Entre 1997 y el 2007, 41.523 mujeres fueron víctimas de homicidios. Entre 1997 y el 2005 las denuncias por violencia subieron en un 100%. En esas denuncias, el 68% de los hijos fueron testigos de las agresiones contra sus madres, y un 15% fueron también atacados, con las graves secuelas psicológicas del caso para los niños.

En Colombia 6.603 mujeres fueron asesinadas entre el 2004 y el 2008. En el 71.6% de los casos el agresor era marido o ex marido. En el mismo periodo 206.735 mujeres fueron víctimas de violencia por sus compañeros. El 62% tenían 20 a 34 años.

En Perú crece la violencia doméstica. En el 2009, hubo 135 feminicidios. La casa no es garantía. 56.3% de las mujeres fueron asesinadas en sus hogares. El 48% de los asesinatos fueron por celos, y el 19.4% porque la víctima no quería continuar la relación. 12.8% de las mujeres asesinadas presentaron una denuncia previa por violencia familiar contra su victimario. Sólo la mitad obtuvo medidas de protección que finalmente no fueron efectivas.

En Guatemala 2800 mujeres fueron asesinadas desde el 2001.

En México fueron asesinadas en sólo el primer semestre del 2009, 430 niñas y mujeres. En Ciudad Juárez emblemática de los homicidios contra mujeres, en los primeros cinco meses del 2009, fueron denunciadas 14 desapariciones de jóvenes, y 32 asesinatos de mujeres.

Una reacción típica es la reciente de un funcionario argentino frente a un ex marido que baleó a su mujer en la puerta del colegio donde había dejado a sus dos hijos: “actuó así por un tema pasional”. Cuando se trata de agresiones contra mujeres “el estado pasional” o en otros casos incluso “el actuar bajo efectos del alcohol” aparece increíblemente como un justificativo o atenuante.

En ese país hubo 231 homicidios contra mujeres en el 2009. La ONG Red Solidaria lanzó una campaña original como reacción ante la afirmación del funcionario. La llamó “231 voluntarios varones para realizar un minuto de silencio por las 231 mujeres asesinadas”.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado mexicano por no prevenir, investigar, ni erradicar la violencia contra las mujeres en Ciudad Juárez, y le ordenó levantar un monumento en su memoria, y como denuncia.

Tras estos crímenes, no está meramente la pasión, sino estructuras profundas de machismo, y discriminación contra la mujer que es percibida como una posesión personal. Asimismo, su rebelión afecta el supuesto honor de los victimarios. El silencio, la presencia de estereotipos machistas en estructuras policiales y judiciales, la falta de justicia para muchos de estos crímenes, refuerzan el machismo primitivo de los homicidas.

Una nueva serie de leyes están tratando de actuar en este terreno. Algunas como la reciente ley argentina condenan incluso la “violencia mediática” estableciendo sanciones para los medios que difundan mensajes o imágenes que tiendan a perpetuar patrones sexistas de dominación masculina, estimulen la explotación sexual de las mujeres, o contengan prácticas discriminatorias. Sin embargo, falta mucho. Así una ONG Europea, COHRE, muestra como, en muchos casos, la dependencia económica impide a las mujeres dejar a una pareja violenta, no tienen dónde ir.

Toda la sociedad debe sumarse para terminar con las excusas, y la impunidad, y proteger a las víctimas de este drama incalificable.

(*) Principal de la Dirección Regional del PNUD del PNUD para América latina

*La más reciente obra del autor “Inseguridad ciudadana. ¿Cómo mejorarla?” (PNUD, Pearson, 2010).