Una visión sobre el Panamá de 1747
Volvemos a la idea de compartir el documento del padre Maroni sobre el Panamá de 1700 desde una visión del colegio jesuita de entonces. Por cierto, lo último que citábamos era lo que decía sobre el colegio y sus penurias, y las ayudas de la comunidad aliviando la pobreza en que tenían que vivir.
Continúa diciendo: “En estos tres últimos años, (el colegio) ha mantenido hasta diez sujetos, de los cuales cuatro se han empleado en principiar las misiones del Darién y guaymíes, y los demás en establecer los ministerios y cátedras de Moral, Filosofía, Gramática, aunque las dos primeras con efecto poco favorable, así por el corto número y aplicación de los escolares, como también por el ardor y temple y otras penalidades propias del país, que causan desmayos inexcusables.
La común opinión de los prácticos es ser moralmente imposible el establecer constantemente en esta ciudad estudios mayores con algún lucimiento. Lo más acertado para el bien de esta ciudad y de todo el reino fuera, en lugar de catedráticos, multiplicar operarios que como se dirá en su lugar, con misiones, ejercicios y otros ministerios semejantes, se esforzasen todo lo posible a mejorar la viña, hoy más que nunca necesitada de cultivo.”
Hasta aquí, lo que nos ofrece Maroni sobre la ciudad de Panamá. Observamos una opinión severa en cuanto a la educación, ya que al referirse a las cátedras de Moral y Filosofía las califica como de efecto poco favorable. No especifica en qué consistiría ese efecto. Podría ser que nadie se matriculaba o porque los que se matriculaban no daban el ancho y según la opinión de Maroni, incluso llegando a decir que por el ardor y temple del clima y otras penalidades del país, se causaban desmayos que no se podían excusar. No nos dice a qué se deberían esos desmayos: ¿por falta de nutrición adecuada? ¿o al hecho temperamental del panameño de entonces, como el de ahora, que lo menos que quiere es filosofar o pensar seriamente y contentarse que las cosas sucedan como siempre? Hoy día, son pocas las personas que se dedican a estudiar filosofía y ejercitarse en la manera de pensar, a no ser que tenga que ver con algo que lleve a hacer dinero.
Esto conduce a recordar el calificativo que se nos hace de que aquí no progresan las ciencias del pensamiento y del arte, ya que tenemos una mentalidad transitista y algunos lo simplifican diciendo que tenemos la mentalidad de puerto. En gran parte queda demostrado en las luchas por la democracia en que pocos son los que responden a las convocatorias para luchas contra la inmoralidad y a favor del rescate de los valores nacionales y religiosos, porque lo que se busca uno a ver cómo va a quedar después de que estalle la lucha. Una ética utilitarista.
Sacerdote jesuita.
