Una visita al paraíso

Por: Redacción 19/08/2017

Posterior a una suculenta cena de bienvenida a inicios de semana con nuestros buenos amigos Marco y Luciana Merula de Torino, localidad natal de Don Bosco en el norte industrial italiano, y a raíz de la compañía de su nieto Filippo de 13 años, decidimos llevar a cabo una de esas excursiones que tanto nos gustan, sin distingo de edades, para evadirnos de la cárcel de concreto, escapando del fétido tranque capitalino. Del centro de la ciudad hasta la localidad del puerto terminal Niga Kantule de Cartí Sugdub en el archipiélago de San Blas, que cuenta con la misma cantidad de islas que los días del año, la distancia es símil que Coronado, solo que el camino permite cada vez más apreciar el verdor de nuestra naturaleza, sin basura, oxigenando los pulmones y el alma con parajes encantadores que obligaron a mis acompañantes a exhalar que es la ruta más impresionante que cualquiera en la Toscana.  Esto es más evidente posterior al paso del poblado de Chepo al iniciar la carretera El Llano – Cartí, 40 zigzagueantes kilómetros que atraviesan la cordillera central, eternamente húmeda, con densas neblinas  y rociados bajareques que sirven de alimento a la interminable sinfonía de sonidos que majestuosamente aúllan la presencia de vida a su máxima expresión, hasta descender al soleado caribe comarcal.

La única frontera existente dentro del Istmo está a mediada de este sendero, donde se estila un pelotón del Servicio Nacional de Fronteras en barricada tras bolsas de arena, que comparte el predio con autoridades comarcales cuyo único interés es el cobro del peaje e ingreso, sin mediar sonrisas al revisado de pasaportes y cédulas, como si se tratase de un grisáceo y discordante país. No me quejo del cobro, pero me interesa muchísimo su destino y la erección de un imponente centro de bienvenida, que bien puede ser un enorme rancho al aire libre con un enorme mapa de San Blas, hermosas doncellas bilingües ataviadas en sus más elegantes molas, con la presentación de variadas opciones de excursiones, un restaurante con platos locales y refrescante agua de pipa, tienda de ventas de suvenires e inodoros limpios que sirvan cual cálida bienvenida al forastero ansioso por un "photo shoot" de recordación.

En el puerto se efectúa el segundo cobro, que consta de dos balboas por persona por el uso de las facilidades, tres balboas por el estacionamiento del auto, y veinticinco balboas por persona para el transporte en lancha rápida ida y vuelta a isla Aguja, variando el costo de transporte por la isla escogida, dependiendo de la distancia (isla Aguja es la más cercana). El tercer cobro es por el almuerzo y los refrigerios consumidos en la isla, dependiendo lo que consumas. En vez de andar en constantes abre y cierra de carteras y múltiple emisión de recibos que consumen valioso tiempo adicional, recomendamos el cobro de todos estos servicios en el puesto fronterizo, a la compra de un paquete todo incluido.

Ya en el puerto, intercambiamos impresiones con una pareja de muy entusiasmados jóvenes madrileños que visitaban el área por vez primera. Entrados en confianza, y a raíz de los recientes eventos en Charlottesville, Virginia, donde el fin de semana pasado se celebró una marcha liderada por neo-Nazis y otros grupos racistas norteamericanos, nos indagaron inocentemente la razón de la swastika invertida en las banderas de las embarcaciones Gunas. ¡Muy buena pregunta! Ante todo, aclaramos que la bandera Guna antecede a la bandera de los Nazis y que el símbolo de la swastika invertida data de miles de años atrás significando, en el caso de la bandera de la etnia Kuna, un pulpo que creó al mundo. ¡Muchos panameños, de seguro, no tienen idea de ello!

El tiempo invertido en este paraíso es un premio por todos los dolores de cabeza que sufrimos en el diario vivir. La belleza del sitio es indescriptible, las playas de arena blanca de las islas, prácticamente desiertas, son un delirio en comparación a los saturados y bulliciosos litorales del Mediterráneo, de la Riviera Maya o de South Beach en los predios de Miami, en el estado norteño de Florida. Si no lo conoce, estando tan cerca, se ha perdido la oportunidad de su vida por un sublime gozo que permeará en la memoria como uno de los más elocuentes hitos de la existencia.

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