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Una visita a la tumba de Roosevelt


He estado en la ciudad de New York una infinidad de veces, por ser muchas, he perdido la cuenta. En esta ocasión tuve la oportunidad de visitar la casa veraniega del Presidente Franklin Delano Roosevelt en Hyde Park, bello lugar situado en una colina a la orilla del Río Hudson. La casa donde nació y murió FDR es elegante y muy cerca está el Museo y la Biblioteca, la primera de un expresidente, donde estaban ubicadas las oficinas de él, entre otras cosas. Allí están muchos de los recuerdos del gran estadista, entre ellos su silla de ruedas, diseñada por el mismo que no contiene ningún soporte para los brazos. Era muy liviana y facilitaba más su movilidad. Los diarios y noticieros de la época jamás filmaron al Presidente Roosevelt en su silla de ruedas. Respetaron siempre su dignidad. Solo después de muerto ha sido de conocimiento público el grado de extrema invalidez que tenía Roosevelt.

El exmandatario, cuatro veces electo y gran líder del mundo, está enterrado al lado de su esposa Eleanor y las tumbas solo tienen una sencilla placa de mármol con los nombres de sus restos. Curiosamente su perro y gran compañero “Fala” también fue enterrado muy cerca. El presidente Roosevelt dio instrucciones precisas en su testamento de cómo quería que lo enterraran. El y su esposa Eleanor, una de las mujeres que participó en forma destacada en la política norteamericana “del nuevo trato”, allí están enterrados. Y así son los grandes hombres. W. Churchill, por su lado, esta también enterrado en forma muy sencilla en un pequeño cementerio al lado de una iglesita en el pequeño pueblo de Blandon y no en Westminster donde reposan los otros “grandes” de Inglaterra.

En la ciudad de New York me llamó, como siempre, mucho la atención el orden que mantenían los miles y miles de transeúntes al cruzar las calles y avenidas de la gran metrópolis. Se mantenían siempre a la espera del señalamiento de la luz para cruzar. Comparaba, por supuesto, ese comportamiento con el de los panameños en nuestra ciudad capital, donde cruzan por donde a bien tengan, no importa los peligros que significan para ellos.

New York, una de la ciudades más populosas del mundo, y Panamá, una de las más chicas, tienen iguales señalamientos en nuestras vías públicas. Sin embargo, las culturas, en este aspecto, de ambas personas que las utilizan son muy distintas. Allá hay respeto por las reglas de tránsito y aquí estas son obviadas.