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¿Unidad o cisma?

Por: Redacción 23/09/2014

Para bien o para mal, la elección del nuevo Comité Ejecutivo Nacional del PRD y de la Secretaría General marca un hito histórico en la nueva conducción que el análisis político no debe eludir. Los cinco puestos directivos vacantes del CEN fueron ganados por allegados a Benicio Robinson y solo uno por el exministro de Salud Camilo Alleyne, vinculado a la línea de la vieja guardia. Asimismo, el nuevo secretario general, Carlos Pérez Herrera, forma parte de la nueva tendencia de Robinson, que controlará las orientaciones futuras del partido. Se ha confirmado en Santiago de Veraguas que una nueva generación de perredistas dirige el partido, superando por mayor número de votos a opositores que representan las generaciones de veteranos como Mitchel Doens, Francisco Sánchez Cárdenas, Ernesto Pérez Balladares, Martín Torrijos y Juan Carlos Navarro.

Los líderes que tienen animadversión por el grupo de Robinson o respetan el resultado o renuncian al actual PRD para formar otro partido político, como creen algunos. Unidad o cisma: tal es la encrucijada que afronta el PRD. Por un lado, la unidad representa para los perdedores el reconocimiento de la nueva generación de conductores políticos que tiene en sus manos las riendas del partido, por encima de diferencias de personas y estrategias. Por otro lado, los opositores tienen la alternativa de crear otro partido con una nueva etiqueta torrijista y rechazar a la generación Robinson. También tienen la opción de no renunciar al PRD y organizar un frente de opinión para criticar o respaldar las decisiones que adopte el nuevo comando. La disidencia legislativa de diputados como Pedro Miguel González y Zulay Rodríguez, entre otros, revela que Robinson no tiene el control total de la bancada, sino que, por lo contrario, tiene allí otra fuente de discordia. Una de las primeras tareas del nuevo CEN podría ser reafirmar que es el organismo facultado para tirar línea a la bancada y abolir el desorden que subdivide la bancada.

La prueba de fuego puede ser los nombramientos del contralor y el procurador general, dentro del acuerdo de gobernabilidad con el panameñismo, en proceso de revisión. El presidente Varela aspira a que la Contraloría vaya a manos del candidato que él designe, en pugna abierta con el PRD que tiene, o tenía, candidato propio. Después de la entrevista de Varela y Robinson en Changuinola, no se sabe si el PRD cederá la Contraloría y si el PRD permutará la Procuraduría. Pero la sociedad civil rechaza estas negociaciones políticas y demanda que se nombre en esos y en otros cargos a técnicos independientes. Varela se esforzará al máximo para nombrar al nuevo contralor porque quiere mano libre en materia de la fiscalización del gasto público, a través de alguien que le garantice el visto bueno, con el disfraz de independiente. El panameñismo no quiere soltar este cargo clave para que no le cuestionen los nombramientos de familiares y allegados políticos sin experiencia ni idoneidad profesional, al igual que las contrataciones de abogados extranjeros y auditores privados que cumplan sus directivas políticas contra el gobierno de Martinelli.

Para la bancada del PRD, el respaldo a un aspirante del PRD o al candidato del gobierno constituirá un test para conocer su firmeza o su debilidad. Robinson tiene fama de ser un negociador nato. Ya veremos cómo se maneja.

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Jueves 6 de agosto de 2026