Universidades deben investigar, ¿por qué?
La investigación es una actividad humana orientada a la obtención de nuevos conocimientos y, por esa vía, ocasionalmente dar solución a problemas o interrogantes de carácter científico. El claustro docente, como comunidad de aprendizaje, debe procesar la mejora del estilo de enseñanza-aprendizaje y acompañar la formación científica de sus alumnos; por lo que debe fortalecer y expandir su acción, con niveles superiores de formación y estrategias didácticas de investigación en el aula como estrategias de aprendizaje.
Todas las inquietudes que este mundo nos genera forman parte de una minuciosa Observación, tomando un determinado Objeto de Estudio y notando en él sus cualidades, características y comenzando a elaborar las distintas Hipótesis, que consisten en el planteo de una Afirmación Válida que es tomada como cierta hasta que se demuestre lo contrario.
La vida universitaria se fundamenta en la investigación que realizan sus profesores para profundizar en el área o disciplina que tratan de formar progresivamente a sus alumnos. Si bien el valor de la investigación es claro y evidente a nivel teórico, las casas de estudios superiores no han llegado a concretar en Panamá, el sueño de formar investigadores sistemáticamente, es decir, a través de una carrera propia en la investigación. Y también son escasas las unidades académicas que cuentan con proyectos o incentivos para la labor investigativa. La investigación básica tiene como objetivo buscar el conocimiento por el conocimiento mismo, por la importancia que este tiene desde el punto de vista cultural, de nuestra relación con el mundo que nos rodea y porque permite perfeccionar la percepción que la sociedad tiene de sí misma; en otras palabras, la ciencia básica produce información que nos hace conocer mejor un fenómeno, pero que no tiene una aplicación práctica inmediata. A diferencia de la anterior, la investigación aplicada persigue objetivos concretos, y sus resultados sirven para resolver problemas prácticos.
Es de regocijo señalar que el sistema nacional de investigación de Panamá nació en 2007 con el fin de promover la investigación científica y tecnológica y su calidad, mediante el reconocimiento de la excelencia de la labor de investigación y desarrollo científico y tecnológico de personas naturales y jurídicas, a través de incentivos o estímulos económicos, otorgados en función de la calidad, la producción, la trascendencia y el impacto de dicha labor.
Es de conocimiento general que en Panamá existe cantidad de profesionales con capacidad para investigar la realidad panameña y de proponer alternativas a los grandes desafíos que la aquejan. El número de publicaciones de panameños en revistas indexadas es muy poco. La escasa industria editorial del país no recoge los aportes generados por sus nacionales. Además, el sistema educativo no está generando las capacidades de investigación necesarias para cambiar esa realidad, ni existe, al momento, esfuerzos para adecuar la institucionalidad del país para absorber las capacidades que se puedan ir generando. De hecho, uno de los principales obstáculos que enfrenta el alumnado para efectuar su investigación radica en su dificultad para plasmar, por escrito, sus ideas, de manera coherente. La sociedad del conocimiento “es un concepto muy amplio, que tiene que ver con la integración del conocimiento científico como parte esencial y fundamental de una sociedad y una economía”.
Es de suma importancia sumar al sector económico, al sector empresarial, que juntos tomen del descubrimiento científico y del saber científico elementos para generar nuevos desarrollos en sus procesos y en la elaboración de sus bienes y servicios, y entonces las empresas puedan ser más productivas, más competitivas y tener mejores perspectivas en los mercados globales”.
Un Estado debe patrocinar aquellas actividades que le puedan brindar algún tipo de beneficio en un plazo establecido pero ligeramente flexible y que, aunque muchos científicos no quieran aceptarlo, la investigación aplicada es la que mejor encaja en ese esquema. Por otra parte, el Estado debe dejar de ver en el científico a un empleado que debe cumplir un objetivo específico, sino que debe considerarlo un “artista” capaz de crear cosas bellas y útiles, y darle el espacio y el tiempo necesario para trabajar, lo cual no quiere decir que no deba exigir algún tipo de resultados en beneficio de la humanidad y la ciencia misma.