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Uno, dos y tres (y todo pasa, todo...) No hay respiro


Los escándalos se suceden todas las semanas, y no hay respiro. Ni tampoco esa calma que necesitan los países para avanzar, acordar y desarrollar políticas de Estado. A largo plazo, con luces que alumbren más allá de la coyuntura política.

El ritmo veloz, a veces precipitado, del Ejecutivo no permite reflexión. Tampoco sus “metidas de pata”. Los medios de comunicación se han convertido en la usina que permite conocer un escándalo tras otro. O mejor: una "metida de pata" tras otra.

Primero fue la ministra de Trabajo, Alma Cortés, con la compra de una finca a monto de campesino. A precio de una persona que solo tiene sus manos para trabajar la tierra. Luego, casi 24 horas después, se sumó al “negocio” el ministro de Salud, Franklin Vergara. Él también compro a precio de “humilde”, a pesar de que su cuenta bancaria dista mucho de parecerse a la de un campesino del interior del país.

En la misma semana, y casi sin tiempo para que el primer escándalo se profundice, se descubrió que el director del Registro Público, Luis Barría, decidió “pedirle” un diezmo, a través de una asociación vinculada a él, a los funcionarios contratados durante su administración. Nada grandilocuente: solo el 10 por ciento de salarios que a veces no llegan ni a 350 dólares. La mayoría funcionarios de bajos salarios y con muchas necesidades.

¿Cuál es el problema ético de pedirle 40 dólares a una persona que gana 350 dólares? ¿Qué importa si ese salario ni siquiera le alcanza para lo básico?

Pasaron los tres funcionarios –dos de Cambio Democrático y uno del panameñismo- y a nadie se le ocurrió –y cuando digo nadie me refiero a la cabeza del Ejecutivo- pedirles explicaciones a estas personas.

Ni hablar de pedirles que dejen el cargo que ocupan. Eso sería inaceptable, si total, todo pasa y ya mañana llegará otro escándalo que entretenga más que el último.