Urge el día de la patria
Sacerdote de la Iglesia Católica
Desde la aulas universitarias, hace más de veinte años, meditaba sobre lo grandioso que es la historia del istmo de Panamá. No obstante, constataba la indiferencia que las autoridades de turno y los demás componentes sociales demostraban hacia los conceptos históricos y los principios cívicos, sufriendo como mayor afrenta la desidia por el día 28 de noviembre.
Ni siquiera la cúpula de los militares que tironeaban a personajes como Victoriano Lorenzo y los caídos en enero de 1964, como consignas de un nacionalismo de ocasión, mostró relevancia a fecha tan insigne.
Igual falencia verifico hoy.
LA NACIÓN NO NACE EN 1903, SINO EL SISTEMA DE REPÚBLICA. YA HABÍA UNA NACIONALIDAD ASENTADA TRESCIENTOS AÑOS Y MÁS. AL COMPROBAR CÓMO HOY SE DESPLAZA LA PRIMACÍA DEL 28 DE NOVIEMBRE, EN MEDIO DE CANTIDAD DE DÍAS DE ASUETO QUE POCO CONTRIBUYEN A EDUCAR EL ALMA PATRIA, ES NECESARIO RETOMAR EL ASUNTO QUE LLEVA 193 AÑOS PENDIENTE COMO DEUDA HONDA.
La olvidanza voluntaria de la gesta independentista aumentó en los últimos decenios del siglo XIX, y tomó otros ribetes similares con el advenimiento de la república. Los actores de 1903 y sus linajes quisieron un protagonismo impropio, echando tierra a los próceres de 1821, quienes obtuvieron de Simón Bolívar palabras como: “El Acta de Independencia de Panamá es el monumento más glorioso que puede ofrecer a la historia ninguna provincia americana”.
Consciente estaba el venezolano de que aquí no hubo guerras, como en otras latitudes para concretar la libertad.
Si el Ejército estadounidense no hubiera brindado su apoyo, el movimiento separatista de 1903 hubiese pasado como uno más de los tantos malogrados años antes.
Pero la generación de principios del siglo XX, tenía que ser laudeada y, de paso rendir culto a los norteamericanos que ahora eran considerados redentores del Istmo. De allí hasta nuestros días ha perdurado una injusta preponderancia de lo acontecido en 1903, por encima de hitos mayores como la Independencia o el sacro intento autónomo del Estado Libre del Istmo, el 18 de noviembre de 1840.
De colofón, citar tanto a 1903 sirve para que algunos trasnochados insistan en el absurdo de que el Istmo le pertenecía a Colombia. Cuando Bolívar usa el término “provincia” saludando a Panamá y a su logro de 1821, lo hace con el peso jurisdiccional que esa denominación tenía en tiempos de la colonia; él no habla de un departamento de Nueva Granada, que todavía luchaba por consolidarse, sino de una provincia de ultramar en equivalencia con todas aquellas que para la época se emancipaban de la Madre España.
En mis lucubraciones universitarias, también concluía que el 15 de agosto debía tenerse como el Día del Nombre de la Nacionalidad.
La nación no nace en 1903, sino el sistema de república. Ya había una nacionalidad asentada trescientos años y más. Al comprobar cómo hoy se desplaza la primacía del 28 de noviembre, en medio de cantidad de días de asueto que poco contribuyen a educar el alma patria, es necesario retomar el asunto que lleva 193 años pendiente como deuda honda.
Si Dios lo permite, los siguientes años se darán oportunidades irrepetibles para tratar de subsanar el yerro.
Este año 2014, como nunca, se ha irrespetado la Gesta, dándole aplauso a un día de comercio virulento, copia burda de otras culturas; nada extraño conociendo el pensamiento de inferioridad que tienen muchos panameños respecto a Estados Unidos.
Ya hemos conmemorado grismente los quinientos años del primer intento de asentamiento permanente hispano en América continental, Santa María de Belén (1503), empresa atribuida al Almirante Colón.
También celebramos, con mismas cifras, la creación de la primera diócesis en Tierra Firme americana, Santa María de la Antigua (1513) cuya valía pervive, para la Santa Sede, en Panamá. El mismo año y mes, Vasco Núñez de Balboa terminaba de abrir las “compuertas” para la conquista, atravesando el Istmo y tomando posesión del llamado Mar del Sur.
Este año, 2014, hemos acudido a una elitista celebración del centenario del canal interoceánico. Ahora, estamos a cinco años de cumplir el jubileo quinientos del nombre de la patria; y dos años luego, el bicentenario de la Independencia (2021), centenario a la vez de la heroica y traicionada “guerra de Coto”, donde nuestros “aliados” estadounidenses frenaron como en la guerra de “los mil días” una legítima aspiración de los istmeños.
Como ciudadano de este país al que amo, propongo declarar el 28 de noviembre como Día de la Patria, para otorgarle su justo sitial a la efeméride por antonomasia, por encima de cualquier otra festividad novembrina.
¡Que viva la República del Istmo de Panamá!