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Urge potenciar la ética


Adela Cortina (opinion@epasa.com) / Adela Cortina

En los años 70 del siglo XX se puso de actualidad, más que de moda, la ética de la empresa. Se presentaba en sociedad con dos buenos avales: la ética es rentable para las empresas, porque una empresa ética está mejor gestionada que una inmoral, ahorra en costos de coordinación y genera capital simpatía entre los ciudadanos, además contribuye a crear una buena sociedad.

Con el cambio de siglo fue el discurso de la Responsabilidad Social Empresarial el que vino a reforzar esta idea. Una economía que quiera ser competitiva –venía a decir- debe apoyarse en empresas que crean puestos de trabajo, ofrecen un buen producto por un precio ajustado, hacen partícipes a los trabajadores de la marcha de la empresa y les retribuyen con un salario justo. Parecía, pues, que un buen viento soplaba para la ética empresarial, hasta el punto de que los empresarios eran mejor valorados que los políticos, cosa impensable hacía algunas décadas; sobre todo en un país como España que, al menos desde el Siglo de Oro, aprecia más incluso a los pícaros que a los comerciantes.

Sin embargo, cuando estalló la crisis hacia 2007 las gentes se preguntaban dónde había quedado la ética, dónde la responsabilidad. Algunas empresas que invertían en gestionar la responsabilidad recortaron esos gastos y cosas como éstas hicieron pensar que más se había vivido de cosmética que de ética.

Entre las causas de la crisis cuentan un número de actuaciones inmorales. La falta de transparencia en la gestión financiera, unida a la opacidad de los productos, la falta de regulación en unos casos y de control de lo regulado en otros, las medidas para favorecer a los bancos sin el control del dinero inyectado supuestamente para favorecer a los ciudadanos, la impresión generalizada de que siempre acaban pagando los más débiles, los que no tuvieron culpa en que empezara este desastre. Todo ello, unido a la falta de profesionalidad, compone un conjunto de fallos éticos que han generado una crisis generalizada de confianza.

Urge potenciar la ética empresarial, recordar que la tarea de la empresa es atender al bien de todos los afectados por ella, y que es este modo de actuar el que aumenta la probabilidad de permanecer en el mercado generando nuevos clientes. Gestionar la empresa éticamente abre un mejor horizonte para la cuenta de resultados y convierte a la empresa en un bien público para la sociedad que tiene la suerte de contar con ella. ccs@solidarios.org.es

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Viernes 14 de agosto de 2026