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Urgen cambios


Históricamente, el Servicio Nacional de Migración ha sido una de las instituciones más débiles frente a los actos de corrupción.

Solo en este gobierno, la entidad se ha visto envuelta en dos escándalos que han minado la credibilidad de quienes manejan esta entidad.

Tan solo hace unos meses, los medios de comunicación hicieron pública una red para el tráfico ilegal de ciudadanos asiáticos, que entraban al país por el Aeropuerto Internacional de Tocumen y que era liderada por altos funcionarios de Migración.

Hasta la fecha, los resultados de las investigaciones por este caso se desconocen y, al parecer, impera el código del silencio en quienes participaron en esta ilegalidad.

Solo ha transcurrido poco tiempo para que los panameños nos demos cuenta de otro caso de alto perfil, en el que se menciona a otro alto directivo de Migración.

Las autoridades del Ministerio Público adelantan las pesquisas para dejar al descubierto otra red de trata de blancas que operaba a través de una fachada de club nocturno en el área de la Calzada de Amador.

Más allá de la salida de los funcionarios implicados o no en este reciente escándalo, lo que impera es que quienes gobiernan, de una vez por todas, pongan orden en una institución minada por el ‘juegavivo’.

La anunciada fusión con Aduanas no resolverá el problema de la corrupción. Si se insiste en colocar al mando a personajes por favores políticos, este mal nunca acabará. El cáncer se debe cortar de raíz.

El presidente prometió que gobernaría con los mejores; sin embargo, este caso es un claro ejemplo de que solo han sido palabras.

La población se está acostumbrando a los bochornosos capítulos a los que se someten los directivos de esta entidad.

Lo peor es que las autoridades, que deberían investigar hasta las últimas consecuencias este y otros casos de alto perfil, permanezcan inmóviles ante semejante espectáculo.

El cambio prometido en la persecución del delito, parece que solo es letra del plan electoral.