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Urgen políticas para la esperanza

Por: Redacción 24/12/2013

Víctor Corcoba Herrero /Escritor (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

El mundo anda desconsolado porque a sus moradores las desilusiones les matan. Es público que cuanto más promesas reciben los ciudadanos, con más decepciones se encuentran. Ahí están los recientes datos: El 67% de los líderes empresariales considera que las compañías no hacen lo suficiente para superar los retos que supone un futuro sustentable en materia económica y ambiental. Así lo acaba de revelar una encuesta realizada por el Pacto Global, la iniciativa de la ONU y el sector privado que vela por una economía comprometida con el medioambiente y los derechos humanos.

Sabemos que no es ético lucrarse de un cambio climático catastrófico, de un desempleo apocalíptico o de los disturbios sociales que se pueden originar como consecuencia de este caos. Pues nada, seguimos como en la época de Cicerón: la amistad comienza donde termina o cuando concluye el paraés.

Pienso, por consiguiente, que ha llegado el momento de organizar otros poderes más paraactivos, los presentes parecen organizados para oprimirse unos a otros. Lo que sí urge es más entendimiento y más reciprocidad en los diálogos, sobre todo para propiciar otras políticas más reales que puedan optimizar estas situaciones adversas con mejores gobernanzas.

El gentío está indignado por las crecientes desigualdades e inseguridades, sobre todo para las personas más pobres y marginadas. Hay una clara demanda de justicia social y de aumentar la rendición de cuentas.

Por otra parte, cuando la escasez de empleos o medios de vida disponibles mantiene a las familias en la pobreza, también todo se desmorona. El cambio hacia un desarrollo incluyente y sostenible no será posible, mal que nos pese, si las políticas son permisivas, corruptas y partidistas. No se puede seguir negando a millones de personas la oportunidad de ganarse la vida en condiciones humanas, o sea, dignas y equitativas.

Los políticos tienen que sentir con el pueblo y han de servir al pueblo, no al capital o a su grupo de amigos. En todo momento deben estar con esa ciudadanía que lucha por un trabajo seguro, productivo y remunerado de manera justa. La realidad nos ha demostrado que el crecimiento económico por sí solo no es suficiente. Hay gente que está predestinada a ser pobre, aunque viva en zonas ricas. Sin duda, hacen falta otras políticas sociales que aminoren las penurias que viven algunas personas.

Está visto que los países que han alcanzado niveles elevados de puestos de trabajo y de reducción de la marginalidad abordaron los factores estructurales causantes de la miseria, aplicando una amplia protección social, acompañada de otros activos, que han fomentando la inversión y las ganas de crear empleo.

Por desgracia, son muchas las personas desanimadas que han dejado de buscar trabajo. Precisamente, son las instituciones, con sus políticas robustas y coherentes, las que han de encauzar a estos ciudadanos a ganarse la vida.

Es cuestión de priorizar, de adaptar los objetivos y las metas a las circunstancias actuales. Hasta ahora nos hemos centrado en el crecimiento económico y en confiar en que este genere suficientes empleos. Esto no es así. Para crear empleos de calidad se precisan sectores privados fuertes, otras políticas más entregadas a la ciudadanía, y entornos propicios que tengan objetivos más sociales y humanos que los actuales.

Claro, para activar esta política pensando en los más pobres, es bueno conocer sus problemas, pero no es suficiente, es necesario además amarlos. El auténtico valor político es lo que genera esperanza en el pueblo. Lo nefasto del momento reciente es la confusión del término, y en lugar de premiarse el espíritu de servicio, se recompensa al que más aplaude al poder de turno. Hasta ahora, la comunidad política paranacional tampoco ha logrado producir un consenso global sobre los valores y principios fundamentales que avivarán una actividad económica sostenible. Está visto que, en ausencia de un gobierno mundial, va a ser muy difícil establecer medidas de control de capitales, generar vínculos de empleos, instituir diálogos sociales, generar desarrollo compartido.

No podemos seguir atrapados por la crisis. Tenemos los recursos precisos. Sabemos lo que hay que hacer. Lo único que se necesita son servidores dispuestos a favorecer, no al que más tiene, sino a aquellos que, por su condición social, cultura o salud, corren el riesgo de quedar relegados a la indiferencia.

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Lunes 10 de agosto de 2026