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Utopía que se puede hacer real

Por: Redacción 23/07/2015

Xavier Caño Tamayo /Periodista y escritor

La Unión Europea entregará unos miles de millones de euros a Grecia en tres años. Siempre y cuando haya más recortes, pensiones rebajadas, más privatizaciones, menos derechos laborales, más despidos y rebajas salariales en la administración pública, además de aumentar el IVA. Esta Europa no es la del pueblo trabajador. Ignora sus intereses y derechos por sistema. A España, Portugal, Irlanda e Italia, como a Grecia, no les interesa esta Europa a medida de Alemania, Francia, Holanda y otros países ricos. Porque a los trabajadores de esos territorios tampoco les beneficia esta Europa de la desigualdad.

El Nobel de Economía Joseph Stiglitz ha acusado al eurogrupo de imponer una estrategia económica catastrófica para obligar a arrodillarse al gobierno de Syriza (partido del primer ministro griego, Alexis Tsipras). "Europa ataca la democracia griega -denuncia- porque la verdadera naturaleza del conflicto de la deuda es más sobre quién tiene el poder que sobre dinero y economía". Y añade no recordar depresión económica alguna tan deliberada ni con consecuencias tan catastróficas como la de Grecia por culpa de la troika. Pero aún peor es que el nuevo dinero de la UE irá al sector financiero. Y en España debería saberse que "cuando las barbas de tu vecino veas pelar, has de poner las tuyas a remojar". Puede ocurrir algo semejante.

Analizando políticas neoliberales, Isabel Ortiz y Matthew Cummins, en su investigación "La era de la austeridad, una revisión del gasto público y las medidas de ajuste", muestran las consecuencias de la austeridad impuesta en 181 países. Rebaja de salarios públicos en 97 países, reducción o eliminación de ayudas en 100 países, aumento de impuestos indirectos en 94, rebaja de pensiones y recortes en salud pública en 86, menos protección social en 80 países y despido libre en 32, según el FMI, o 40 países, según la OIT. Políticas que jamás han generado empleo estable ni recuperado el crecimiento ni mejorado el nivel de vida.

¿No cabe pensar ya en otra Europa que nada tenga que ver con competitividad, crecimiento exponencial, reducción de costes laborales y beneficios como máxima prioridad? Olvidarnos de esta UE para empezar a construir otra más justa, que no esté al servicio del sector financiero, los mercados y las transnacionales.

¿Utopía? ¿Otra Europa más decente es utopía? Tal vez, si utopía, como describe el Diccionario de la Lengua, es lo "irrealizable en el momento en que se propone". No para siempre. Como decía Nelson Mandela, siempre parece imposible hasta que se consigue. En realidad, utopía es el escenario que será. El que haremos posible.

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