¿Vale la pena hablar hoy de Patria?
Pensamos que sí y mucho. Razón tenía el poeta Miró al decir que la Patria es el recuerdo, retazos de la vida envueltos en jirones de amor y de dolor. Porque el recuerdo colectivo es la historia de la Patria plasmada o no en textos escolares o de lectura del gran público. Y la historia Patria está compuesta por lo que los historiadores de antaño y de hoy nos han dejado o investigan aún. La compone toda la documentación que las oficinas públicas producen a diario y que llega al Archivo Nacional o se conserva en los archivos de dichas oficinas.
Igualmente la Patria es la tierra, viéndola no como dice tan fría y tajantemente la Constitución Nacional, sino dándole vida; porque ciertamente el Estado es parte de la Patria y viceversa. En ese sentido, el subsuelo con sus riquezas sanamente explotadas y bien repartidas es Patria. El suelo, sea forestal agrícola, ganadero, urbano o costero, con su uso racional sostenible y respetuoso de la naturaleza, es Patria. El aire que respiramos y por el que no sólo los aviones y las aves vuelan sino también nuestros sueños, es Patria y no debemos contaminarlo de ruidos y ondas de artefactos electrónicos que han llevado a subir los niveles de agresividad en las personas.
Aunque sea la parte más parecida a una poesía, la Patria también es el espacio por encima del aéreo hasta el fin de las capas más externas de la atmósfera.
Pero una definición de Patria tan amplia como la dada, a pesar que estilística y literariamente se escuche bien, no está completa. Y es que nosotros cometemos siempre el mismo error que nos lleva a ser un país más subdesarrollado que en vías de desarrollo.
Si la Patria es lo más valioso, ¿qué es? El suelo, sí. El aire, el agua, el subsuelo... también. Todo eso está incluido en la Patria-Estado. ¿Entonces? Es que siempre olvidamos lo más importante. Nosotros.
De nada valdría ninguna Patria ni ningún Estado si antes de la idea nacional, estatal o patriótica no hubieran existido los seres humanos, las simples personas que perfilaron esas ideas y que, con aciertos y errores, la llevaron a la realidad.
Patria es la Gente. Con mayúscula. Porque al ser humano no se le puede sustituir con ningún otro ser viviente . No se le puede intercambiar por hectáreas de suelo o metros cúbicos de subsuelo o aguas oceánicas. Tampoco al ser humano se le puede cambiar o comparar con los animales. El ser humano, la Gente, está por encima de eso. A la Gente no se la puede comprar con el espacio aéreo ni con todos los inventos tecnológicos o científicos.. El hambre de la gente no se compra o satisface con demagogia ni con falsos discursos. La voluntad de la Gente se deja oír en los momentos menos esperados por quienes, tal vez creyéndose más gente que la Gente, tratan de dominarlos engañándoles. La Patria es la Gente en primer lugar, y todo lo que la Gente emplea en el Estado (suelo, subsuelo, aguas, recursos, espacio aéreo y supra-atmosférico). Sí.
Pero no es suficiente aún. En todos los países hay Gentes y hay Gente Patriota. Aquí en nuestro ístmico suelo también hay las dos variedades. Y como en cualquier otra parte del mundo, también hay otras variedades: Gente Antipatriota y Gente indiferente. Así, hay un recurso Patrio llamado Gente y cuatro especies de ese recurso.
La Gente es el Pueblo común que dócilmente sigue la dirección lógicamente señalada. La Gente Patriota es la que construye el Estado desde el punto de vista de las nacionalidades, y sanamente vende el país que constituye esa Nación o Estado. La Gente Antipatriota es aquella que mientras los demás intentan construir sobre ideas e ideales, lo ven todo innecesariamente pragmático y empírico-ateo-realista, y no dudan un instante en vender su Patria. La Gente Indiferente tal vez es la peor, pues es la que ni hace ni opina.
Tú, él-ella, nosotros, yo, somos el recurso más valioso de cualquier Patria, especialmente la nuestra. Podemos ser factor de cambio en el metro cuadrado a donde nos ha tocado vivir, trabajar, descansar, vacacionar, sufrir o gozar. La decisión es nuestra y no de una computadora, ni de la nueva era ni de los horóscopos.
