Valores necesarios para crecer y mejorar
Es muy impresionante ver los hechos concretos y positivos que se derivan de los incansables esfuerzos, producto del cultivo de los complicados misterios que viven alojados en las esencias de la mente humana.
Cuando asistimos por primera vez al claustro escolar, lo realizamos motivados por un aliento invisible que emana del fondo intranquilo del alma engalanada, por un estricto cambio de actitud. No pretendo aquí caer en la estrepitosa equivocación aupando el precepto esgrimido por la psicología medieval que estimaba que el niño era un adulto en miniatura, errática conclusión ayuna de sustancia, huérfana de toda visión creativa y modernista.
Hoy definimos el concepto apoyando al ser en desarrollo, con derecho a la plena existencia, gozando de garantías en libertad, acopladas a la independencia que se respeta como total autonomía desde la infancia. Así, el que emprende la labor de aprender posee fuertes privilegios que les son delegados mediante la potestad de defenderse y desplazarse en un universo pletórico de acogedoras bondades, siendo el centro de esta preferida actividad, en la que el esfuerzo intelectual debe ser compensado sin dilación.
La educación es la fuente de agua cristalina cuya ingestión vivifica el espíritu humano, acrecentando el interés en la búsqueda inquebrantable de lo desconocido, pretendiendo desentrañar el musitar del silencioso provenir.
En la época presente, el padre y la madre responsables son víctimas obligatorias del nefasto castigo, el trabajo, donde los vástagos pagan saldos dolorosos por estas copiosas compensaciones, abandonados desde la mañana hasta la noche, sin poderlos vigilar. Esta penosa relación, en ostensible crisis incide en el comportamiento infantil posterior, donde el amor mengua en proporciones alarmantes, como reflejo de los resultados dados especialmente en hábitos, habilidades y actitudes deseables.
Sabido es que en los años de la infancia, periodo neurálgico de la existencia, se adquieren los rasgos vitales de la personalidad posterior. Del nacimiento hasta la puericia son advertidas ciertas manifestaciones que tendrán incidencias toda la vida, cuyas alteraciones mentales, los desajustes sociales y la delincuencia son hábitos degenerativos de la personalidad postrera que pesarán para siempre. Y debo continuar mi periplo en pos de la verdad, aquí los padres, lejos de la realidad, actúan aplicando conceptos familiares indefinidos, fuera del establecimiento de procedimientos directivos elevados. En la actualidad, este asunto logra factores de sorpresa, afincándose el concepto de que aquí los muchachos ya no desean estudiar ni trabajar; nos encontramos invadidos por una total incompetencia.
Los matrimonios discordes les envían pésimos mensajes a los niños que empiezan a crecer. Estos desajustes nos brindarán retoños mentirosos, armadores de camorras, abstraídos por un extraño narcisismo, quienes en la etapa de próximos esposos, serán los precursores de los hogares disfuncionales. Somos el producto de herencia y ambiente, pero en los presentes instantes el último gravita sobre el primero, porque en la actualidad, el hogar carece de peso específico. En las familias de nuestro tiempo, el padre y la madre se sentaban a ofrecer los consejos oportunos que operarían de salvaguardas y defensas en el futuro, es por ello que hemos procedido como una generación de erguidas actitudes e invariables opiniones.
Las separaciones en el núcleo familiar son calamidades de desastres. Internarse en las interioridades del cerebro humano explorando los divinos tesoros que guardan sus profundos recursos sinápticos, es el rol vindicativo asentado sobre los peldaños de la loable prosperidad. Pretendemos encontrar mediante el dedicado cultivo del intelecto, inclinarnos a los deleites saboreando los enriquecidos productos que prosperan en el interior de lo codiciado. Sigo escudriñando los hondos y dinámicos secretos propuestos a confrontarlos con las respuestas que han instigado mis motivaciones, capturando de este modo los conocimientos, comprendiéndolos y revelándolos. He de perseguir el objetivo apetecido, apegado a la curiosa intención sosegada de lo que me ha sido difícil de aprisionar. Suma necesidad es la de educar a las generaciones actuales para que rindan los frutos lozanos en el futuro inmediato, en el que los gobiernos están en deuda con ellos, haciéndoles los respectivos nombramientos que obran como deberes impulsando el vigor del país.