Varela, ¿el dueño absoluto de Panamá?
Han pasado ya tres años (2014-2017) que el pueblo panameño viene denunciando, a través de los medios de comunicación, en las calles y en la plaza pública, su reiterada sospecha de que el actual desgobierno (el "régimen de mando personal" de Juan Carlos Varela), ni legisla ni gobierna a favor del bien común. La sospecha se ha tornado en realidad. El presidente parece haberse convencido de que no tiene fuerza de opinión suficiente dentro de la política constitucional usando de las instituciones establecidas.
Todo Panamá sabe que el régimen de "mando personal" de Juan Carlos Varela, desde sus inicios, dejó de lado su supuesto papel de compromiso con "el pueblo primero" como se habría definido frente a su responsabilidad histórica. Sin embargo, contrario a lo esperado por el pueblo esperanzado, pronto afloró y se incrementó escandalosamente el nepotismo, la corrupción, el amiguismo, los favoritismos y la incapacidad para gobernar como corolario del comportamiento oficial.
De igual manera, por la falta notable de un Gabinete de ministros competentes, por falta de coraje en la toma de decisiones, de tolerancia, de mesura, de buen sentido, de una adecuada y científica planificación de política educativa, económica y social; por ese empeño que pone en equivocarse siempre (contumaz), "el nefasto efecto Varela" ha resultado un gran fiasco. No cuenta con buenos asesores y consejeros, y en vez de corregir la mala fortuna con alguna nueva empresa medianamente sensata y aceptable, pretende, cual Sansón al rape, sepultar en su propio fracaso nuestra todavía incipiente democracia, que es lo mismo que decir toda la vida pública panameña.
En general, el régimen de "mando personal" de Juan Carlos Varela, "el dueño absoluto de Panamá", en breve lapso, ha degenerado en una política personalísima, que ha puesto en duda la separación de los poderes del Estado panameño. Al fin y al cabo, los ministros del Gabinete y demás altos funcionarios de la administración, llevan todavía en la mano programas, principios jurídicos, proyectos internacionales, de la manea que los bailarines, cuando abandonan en las madrugadas carnavalescas el baile de máscaras, llevan en la mano el antifaz.
Repase, quien quiera, las leyes aprobadas por el actual régimen (la de contrataciones públicas, por ejemplo), los pronunciamientos y actuaciones de la Presidencia de la República y de los altos personeros de su desgobierno y díganos si la actitud asumida por ellos se compadece o no con las más caras aspiraciones del sufrido pueblo panameño.
Todo lo que la dirigencia del régimen de Juan Carlos Varela como "El dueño absoluto de Panamá", entrega a la opinión pública se basa en una confusa retórica saturada de improvisaciones, de "legalismos o leguleyadas" un tanto formales en desmedro del aspecto moral, social y humano como estímulo para la verdadera convivencia democrática. ¡Lo demás son gesticulaciones, amenazas, persecuciones, codicia, frenesí e iracundia!
Tal vez la desconfianza de la opinión pública, el resultado adverso de las últimas encuestas nacionales, las frecuentes manifestaciones de descontento popular por falta de escuelas en buenas condiciones físicas y de docentes en las aulas: la escasez de agua potable, el pésimo servicio de salud, transporte público y de la basura; el menosprecio a las actividades agrícolas; los cuestionamientos empresariales, habrán servido de advertencia a "El dueño absoluto de Panamá", que dispone abiertamente hacer lo que le venga en gana sin más!
Pedagogo, escritor, diplomático.