Variada inseguridad
A la inseguridad jurídica engendrada por persecuciones políticas, decretos inconstitucionales y nombramientos ilegales de nuevos funcionarios, el gobierno panameñista suma ahora la inseguridad policial. Así lo demuestra la ola acelerada de asaltos a mano armada perpetrados por peligrosos delincuentes a restaurantes, bares, hoteles, ubicados en Obarrio, San Francisco, El Cangrejo, Vía Argentina, es decir, en zonas preferidas por turistas y familias panameñas.
Ante los riesgos de asaltos a mano armada se teme que los clientes habituales de los restaurantes de la ciudad piensen dos veces las salidas nocturnas o decidan no hacerlo. Las redes sociales difunden un video en el que se ve a un asaltante que patea cruelmente el rostro de una dama que se negó a entregarle la cartera. ¿Quién quiere que su esposa, o novia, o hija, se exponga a la violencia de ladrones inescrupulosos?
El gobierno tiene que frenar estos asaltos, los homicidios cotidianos, los hurtos a residencias y escuelas. Pero debe hacerlo con acciones concretas y no con promesas difusas de amnistías a los delincuentes que entreguen las armas. Los gobiernos democráticos no negocian con hampones. Se anunciaron estrategias de seguridad que iban a disminuir los índices de delincuencia en el país. Las palabras se las lleva el viento.
El ministro de Seguridad, Rodolfo Aguilera, nombró con aval gubernamental al comisionado Omar Pinzón como jefe de la Policía Nacional (PN), en vez del nombramiento de un civil, como prescribe la ley orgánica de la PN. Este nombramiento ilegal y la cadena de asaltos a punta de pistola en locales céntricos lleva a la gente a bautizarlo como ministro de la inseguridad.
Las inversiones privadas en centros modernos de servicio de comida, bares, hoteles, casinos, sostienen la expansión económica del turismo. Como la dirección policial tiene una visión sesgada de los estragos de la violencia delincuencial, el problema debiera ser encarado, tomando en cuenta la importancia del turismo en aportes al fisco y a la empleomanía nacional.
La inseguridad policial incide en la imagen internacional de Panamá que se presenta con garantías que nos convirtieron en un imán turístico. Solo en la construcción de nuevos hoteles de cinco y cuatro estrellas se han invertido millones de dólares. Hay proyectos de nuevas inversiones que se podrían suspender si se mantiene o se agrava la inseguridad policial. No podemos echar por la borda la estabilidad jurídica y policial por carencia de estrategias funcionales de autoridades que se dedican a criticar culpas ajenas en lugar de asumir responsabilidades por lo que acontece aquí y ahora.
Una medida que recomiendan los abogados penalistas es que los delincuentes menores de edad reciban las condenas de los mayores de edad por los mismos delitos. Las personas agredidas cuando cenaban en los restaurantes han apreciado la presencia de menores en las bandas de malandrines, que ponen a la vista que, conscientemente, delinquen, pero que son juzgados con una benevolencia cada vez más inadmisible.
Las reformas al Código Penal deben sellar los resquicios de la impunidad que guarece a los que roban, atracan, matan y no son penados con la severidad judicial que merecen sus graves delitos.
Los medios de comunicación debemos exigir acciones concretas en defensa de la seguridad y no ocultar la realidad de los hechos delictivos.