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Vasconcelos, Videla y Varela

Por: Redacción 21/03/2016

"En todas las naciones y de forma impredecible, aparecen en el escenario político figuras invertebradas que, conquistando cuotas de poder, sueñan con controlarlo todo y a todos. ¿Son mesías o agitadores?".

A primera vista parecerá incongruente perfilar las características de personalidad de estos tres sujetos y cómo no, si se trata de un creador de instituciones, otro que las subvierte y el último que las destruye. Cada uno en su época creyó que debido a las circunstancias por las cuales atravesaban sus países debían constituirse en los salvaguardas de un orden construido sobre principios no siempre dignos de encomendar como generadores de cambios positivos para la sociedad. Sus ánimos e ímpetu y hasta arrojo los colocaron o cerca, o en la posición cimera de jefe de Gobierno, pero su incoherencia en el manejo del quehacer político los llevó al fracaso.

Todos reconocemos en el oaxaqueño José Vasconcelos al antiimperialista, al propulsor de las bellas artes, al educador, al creador del logo y la frase "Por mi raza hablará el espíritu", pero igualmente, cómo podremos olvidar sus desvaríos políticos, su proclividad a tirar la mesa si no le es reconocido el triunfo, puede pasársele por alto el Plan de Guaymas y, además, ¿conciliaremos los librepensadores sus ideas acerca de la superioridad de la clase media sobre las clases baja y la alta?

Jorge Rafael Videla nació en Mercedes- Argentina, y murió en su propio infierno, encarcelado, repudiado y degradado por un pueblo al que se comprometió a proteger, pero traicionó por un anticomunismo insolvente y decadente que lo que intentaba justificar era el deseo de las oligarquías de liquidar todo gobierno que mirara con piedad a los descamisados. Eso era imperdonable y había que liquidarlo. Videla dirigía el ejército y se le consideraba un oficial constitucionalista, sin embargo, aplastó de un solo golpe las libertades públicas y el derecho a la disensión.

En el ombligo del continente, justo al centro entre México y Argentina, tenemos como presidente de la República de Panamá a un político que actúa como autócrata, pero utiliza un lenguaje y discurso inaplicado de demócrata. Miembro del Partido Arnulfista, Juan Carlos Varela desoyó las votaciones que dejaron fuera de la carrera presidencial a Alberto Vallarino y lo acompaña a otras toldas en un proyecto político personalista que lo dibujó como el intolerante que es cuando no se surten los procesos en favor y para su beneficio. Lanza su candidatura al antiguo Palacio de las Garzas en el 2009 y ante los resultados de las encuestas y la presión de la embajada americana pacta una alianza de gobierno siempre y cuando se le garantice que será el ungido en el 2014. Ricardo Martinelli tuvo que cesarlo en sus funciones 26 meses después porque mientras el resto del Gabinete iba en jet, el novel ministro de Exteriores no movía la nube en que andaba entarimado, soñando cuando fuera presidente.

En una de las sorpresas destacables en la historia electoral de Panamá le otorgan la victoria en mayo de 2014 e inicia una gestión plagada de persecución implacable contra sus opositores y antiguos aliados. De este proceder se decantan todas las desgracias nacionales: inseguridad, falta de agua, aumento de los precios de la canasta básica, mala práctica médica y hospitalaria, educación en sus niveles más bajos de calidad, falta de medicamentos, nepotismo, tráfico de influencias, corrupción, etc.

Estos tres personajes de las gradas del poder son típicos ejemplos del hombre-lobo, mitad razón y mitad instinto. Así como Vasconcelos desconoció su derrota electoral cuando aspiró a la presidencia de los Estados Unidos Mexicanos, y se declaró "única autoridad legítima", lo que le ocasionó una mácula que lo persiguió hasta el fin de sus días, no obstante, haber desde la Secretaría de Educación impulsado el muralismo con Orozco y Rivera, organizado la Biblioteca Nacional, etc.

Videla y Varela, uno a la mala y el otro a la buena, pero con malas maneras, desdibujan la imagen y los propósitos que se esperan de quienes llenaron de esperanzas a mayorías nacionales con discursos subversivos y contrarios a gobiernos de los cuales directa o indirectamente formaron parte. Uno dividió a cientos de familias asesinando y secuestrando a niños y el otro utiliza el Ministerio Público y el Órgano Judicial para que un niño de un año no pudiese estar con su padre el día de su cumpleaños, manteniéndolo privado de su libertad sin pruebas y solo por venganza. Sus gestiones en lo económico no alcanzan la categoría de mediocres, pues están por debajo de tan buena estimación, imagínense lo mal que fue aquella de Videla y la que sufrimos hoy con Varela.

Dictador no solo es aquel que reprime colectivamente, también lo es aquel que empina su poder abusivamente contra los miembros de un Gobierno, colaboradores de su exjefe o miembros del partido que este preside.

Vasconcelos y Videla son historia, pero Varela es aún presente, por ende, lo invito a alejarse de la improvisación y acercarse a su pueblo. De no proceder así, puede usted creer merecer el cielo y terminar pasando largos años en su propio Campo de Mayo.

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