A veces, me gustaría ser alcalde
Siempre me ha llamado la atención el tema municipal. Recuerdo que para finales de la década de los 90 participé junto a jóvenes dirigentes de diversos países de la región en un evento sobre municipios y políticas públicas municipales en la ciudad de México, patrocinado por la Organización de Estados Americanos. Muchos de los que estuvieron en dicha cita con el tiempo resultaron asesores, intendentes, concejales, alcaldes, etc.
Lo cuento porque en estos temas, al ser un país increíblemente centralizado, solo superado en dicha materia por Honduras, nuestros representantes de corregimiento y la mayoría de los alcaldes son solo autoridades electas que, más que para resolver, se convierten en el primer pedidor oficial. Una especie de funcionario de tercera solo útil como estadística partidaria.
Los pocos alcaldes con algo de peso en nuestra geografía política se han convertido en tramitadores de impuestos y, en el caso del distrito de Panamá, en un cuartel de invierno cuando se está en la oposición y una oficina de acción política clientelista cuando se está en Gobierno.
Colombia, es un ejemplo de cómo se pueden transformar ciudades en verdaderos lugares con calidad de vida. Bogotá, Medellín, Cali y otros son ciudades cosmopolitas que en la última década se han transformado gracias a una excelente combinación: un eficiente sistema de contraloría nacional, justicia imparcial que no demora en evacuar los casos que se les presentan, políticos comprometidos en su mayoría con la educación de cuadros con aspiraciones municipales, y una ciudadanía activa que no tiene reparos en exigir de sus autoridades municipales trabajo y honestidad en la gestión.
También está el caso contrario. Costa Rica, tan descentralizado como Colombia, carece, en muchos de sus municipios, de controles eficaces para combatir cualquier tema de corrupción. Al estar tan descentralizada, las empresas que participan en actos públicos en los cantones se ven con la triste realidad de que, en una cantidad alarmante, la corrupción hace que muchos de los proyectos terminen necesitando costos adicionales para “ayudar” a que los proyectos sean aprobados y adjudicados a quienes más aportan a estas “ayudas”.
Como vemos, muy cerca tenemos ejemplos de lo malo y lo bueno de una efectiva descentralización municipal.
Creo que en Panamá, por lo menos para ser alcalde de la ciudad capital, los ciudadanos se la ponen fácil a sus autoridades de corregimiento y a la alcaldía como tal, ya que hay muy poca presión por una gestión eficaz y eficiente. Son los medios de comunicación los que ejercen en muchos casos esta función controladora.
Si yo fuera alcalde de la ciudad de Panamá, con las condiciones actuales, lo primero que haría sería caminar. Todos los días, junto al representante de corregimiento, me pasaría todo el día recorriendo calle por calle de cada uno de los corregimientos de la ciudad, una por una.
Es sencillo. Si puedo caminar por una acera, no hay basura en la misma y en la noche hay iluminación adecuada, pues gran parte del problema está resuelto. Eso es lo que pide la gente. Lo demás se debe tramitar con el Gobierno central.
Doce meses haciendo eso y resolviendo los lugares donde la premisa anterior no se cumple inmediatamente, es más agradecido por la comunidad que cualquier cantidad de spotsde televisión.
En muchos lugares la gente pide parques, tanques sépticos, un sistema de drenaje adecuado, que le corten la hierba, etc. Es solo cuestión de inventariarlo y darle seguimiento.
Una vez terminada esta fase, procedería a solicitar el inicio de la descentralización municipal, comenzando con la educación ciudadana y de los partidos políticos sobre el tema.
Nada difícil. Entonces, ¿por qué parece tan complicado? La respuesta está en la intención real de los que aspiran a ocupar dichos cargos. Un alcalde que se mueve con cuarenta guardaespaldas como lo hacía el anterior burgomaestre capitalino no puede identificar un solo problema personalmente.
El funcionario municipal es parte de la comunidad, no está por encima de ella. Lo mismo los representantes de corregimiento. Yo vivo en un corregimiento que, frente a la junta comunal, las personas tienen que caminar por la calle porque falta una de las aceras. Y pasa el tiempo y nada. Si no pueden con eso, ¿por qué debo pensar que lograrán algo más complejo?
Entendamos que el voto del panameño se gana con pequeñas cosas. Por eso, el que gobierna siempre pierde la siguiente elección. Ningún consultor extranjero lo sabe porque al no ser parte de una de nuestras comunidades, se deja llevar por ejemplos de países totalmente diferentes al nuestro.