A veintiún años de la Invasión
El tiempo pasa volando. El dolor y la incertidumbre no. Los hechos acaecidos en Panamá hace 21 años todavía dejan en el ambiente una serie de preguntas sin respuestas; heridas que con dificultad cicatrizarán si no se les pone el punto final que las cierre. La única manera de lograrlo es responder.
Resulta curioso que ningún gobierno haya intentado en todo este tiempo hacerlo. No quieren saber. Parece que los muertos no importan.
Algunos generadores de opinión han sugerido que se construya un monumento a todos los muertos y desaparecidos que generó la dictadura militar, incluyendo los de la acción armada que sacó del poder a Manuel Antonio Noriega en diciembre de 1989. En el cenotafio deben estar los nombres. Es importante recordar el nombre de quien ha sido arrancado de la vida en contra de su voluntad. A ninguna autoridad le ha parecido buena la idea. No quieren recordar.
No toman en cuenta que quien olvida el pasado, corre el riesgo de repetir sus errores.
