Vender a pérdida
El Consejo Nacional de la Empresa Privada(Conep) desnudó el fracaso del control de precios. Elisa Suárez, vocera de los empresarios, sostuvo en una entrevista en el Canal 2 que nadie puede vender a 3 lo que le cuesta 4. Para decirlo con otras palabras, la representante de la institución empresarial puso el dedo en la llaga de la improvisación de una decisión política condenada al rechazo de empresarios, agricultores, vendedores y consumidores. Resumió la empresaria Suárez que los controles escriben la crónica anunciada de un fracaso.
No se puede estigmatizar la posición del Conep como si se tratara de una postura política de las filas de la oposición. Constituye la descripción del mal manejo del proceso económico por la prescindencia deliberada de la consulta a los agentes del mercado.
Las leyes elementales de la economía política fijan el axioma de que un empresario o comerciante no puede vender un producto cuyo precio real es superior al que impone la burocracia estatal. Bajo la amenaza de multas desproporcionadas se perseguirá a los dueños de abarrotes y minisúper al acatamiento de precios dictados desde escritorios. Pero los comerciantes dejarán de vender a cuatro lo que compran a tres para no ir a la ruina.
Dentro de muy poco tiempo el nuevo precio alzado de las tarifas de energía eléctrica agudizará mucho más la diferencia de los precios de compra a los intermediarios y los de ventas al público. Industriales, agricultores, comerciantes absorberán la elevación de las tarifas y la transferirán a los consumidores.
El Gobierno se excusa en achacarle culpa al gobierno anterior por la crisis energética, pasando por alto los factores climáticos que afectan el caudal de los ríos y las alternativas de energía eólica y solar ya puestas en marcha. ¿Hasta cuándo los ministros seguirán ocultando los errores del gobierno de Juan Carlos Varela y pasándolos al gobierno de Ricardo Martinelli?
Los medios de comunicación al servicio del régimen panameñista ya tienen cansado al público con su línea de enterrar la cabeza en la arena para no ver la catástrofe que se avecina por la demagogia electoralista. Los programas de opinión aburren a la audiencia y caen en los ratings porque buscaron sintonía encarnizándose con las obras de Martinelli y actualmente son mudos, ciegos y sordos. Las instituciones gremialistas no emiten comunicados de protesta por las cosas que se están dando en el país.
Los sindicatos parecen que tienen las manos apretadas y no salen en defensa de los despidos de 60 mil empleados públicos. Los ecologistas antes cuestionadores de podas de palmeras no dicen ni pío sobre la contaminación del río La Villa y las potenciales amenazas a la salud humana. Todo, según con el cristal con que se mira o los emolumentos que se reciben, es la consigna de los críticos silenciados por la reverencia al nuevo régimen, sin contar emplanillados. Los incendiarios de ayer son los bomberos de hoy.
La luna de miel de los primeros cien días de los gobiernos se ha avinagrado en quince días por los despropósitos gubernamentales. La gobernabilidad que todos queremos debiera sostenerse en pilares sólidos, no en los fofos cimientos de la improvisación. Se requiere ética y coraje para llevar a cabo una sincera autocrítica que asuma errores si el Gobierno quiere recordar el lema de “El pueblo primero”.