Venezuela del siglo XXI
América Latina, ha sido sujetada, por las derechas y las izquierdas. Empero, nuestro coraje se ha impuesto a quienes desprecian la libertad e ignoran lo autóctono, nuestros valores de identidad son pilares para la toma de decisiones dentro de un Estado de derecho. El Destino Manifiesto de nuestro subcontinente es la igualdad, en su genuina expresión, esa que tiende a la equidad en el reparto de oportunidades y no, a las trasnochadas tesis del igualitarismo social y económico.
La política debe atender a lo social en lo económico, es decir dejar de ver la superestructura como lo determinante y encaminarnos a dictar normas y prácticas a implementar, porque desde hace demasiado tiempo, solo recibimos discursos huecos y legados en pactos que se sabe jamás serán cumplidos. Esto nos ha hecho incrédulos. Nuestro crecimiento económico no es reparto sino asalto. Nuestras majestuosas infraestructuras y hermosas ciudades son la máscara que oculta la marginación. Somos cómplices en diversos grados de un crimen global.
Bolívar, padre de la América insurreccional, observaría con frustración lo que ocurre en Venezuela y procuraría alejarla de los divisionismos. Y, de no ser acatadas sus recomendaciones, propondría un nuevo Congreso Regional dentro del cual los Estados participantes tomarían decisiones obligantes y vinculantes que no precisamente se deben apreciar como injerencia, no es inmiscuirse, por el contrario, se trata de participar en la búsqueda de nuestro devenir como naciones maduras, socialmente homogéneas en su diversidad y defensoras de las minorías.
NO ES CABELLO O MADURO EL PROBLEMA.. ELLOS DESPERTARON LA INSATISFACCIÓN DEL PUEBLO ERIGIENDO COMO ENEMIGOS A LOS QUE SIEMPRE FUERON CONCIUDADANOS, PRETEXTANDO COMO EXCUSAS LAS DIFERENCIAS EN EL REPARTO DE LAS RIQUEZAS. ESTE ES EL REAL RIESGO.
Los gobernantes, con sus actos, nos previenen de su férrea voluntad por irrespetar todos los principios, acuerdos, convenios y hasta combatir las ideas que enarbolen como reclamo el derecho a la opinión, a no estar de acuerdo simplemente. En esa meseta sudamericana el ejercicio de pensar es costoso y hacerlo desde la orilla contraria al de los déspotas ilustrados es un crimen que suele pagarse con cárcel o muerte. Corre sangre inocente en Caracas, en Táchira, en San Cristóbal, etc. Se trata de latinoamericanos cuyo pecado es desear otro estilo de gobierno en donde lo más importante sea el hombre.
Temen por el presente y no hay esperanza en el futuro. Es posible el surgimiento de un Estado Fallido, en razón, que quienes elegidos para doblegar a la ignorancia, a la pobreza, a la insalubridad, a la inseguridad, a la injusticia y todas las otras plagas del escenario social, se decidieron a repartir engaños, bienes y servicios sin la correspondiente articulación del cómo sustentarían su despilfarro cuando amainara la bonanza petrolera.
EN NADA SE DISTINGUE LA ESPADA DE PINOCHET O DE SOMOZA AL SABLE DE MADURO Y DE CABELLO, EN AQUELLOS TIEMPOS NO ÉRAMOS PUEBLOS ILUSTRADOS SINO ILUSOS, SOMOS AHORA NACIONES, DEJAMOS DE SER VOTOS PARA VOTAR.
La Organización de Estados Americanos tiene un reto anecdótico, cual es, encerrarnos en nuestros intereses particulares o reivindicar los principios que defendía Martí, a quien le interesó más el ser humano que la sociedad, pues esas sociedades conformadas como naciones de hombres esclavos al poder absoluto son absolutamente inhumanas.
No es Cabello o Maduro el problema, la situación es más compleja. Ellos despertaron la insatisfacción del pueblo erigiendo como enemigos a los que siempre fueron conciudadanos, pretextando como excusas las diferencias en el reparto de las riquezas. Este es el real riesgo. Dirigen al enfrentamiento armado, vendiéndose como los representantes legítimos de la Nación, cuando el rostro de Venezuela está en las calles, en las barricadas, en la injusticia y la arbitrariedad consumada. Venezuela es dolor en los cuerpos flagelados de los encarcelados. López, Ceballos, Ledezma y los prisioneros políticos no son apellidos sino la marca país, son el refugio de nuestras ilusiones como naciones liberadas y en franco progreso, si hoy por comodidad los olvidamos nos condenaremos al fracaso y cada día seremos más capital y menos humanos, logrando encender la hoguera en donde deberemos incendiar nuestra vergüenza al no reivindicar a nuestros mártires por defender facilidades crediticias.
Que sepan que nos afecta su itinerario, porque nos perturba la barbarie. Duele saber que en pleno Siglo XXI venden utopías para entretener al tejido social. En nada se distingue la espada de Pinochet o de Somoza al sable de Maduro y de Cabello, pero en aquellos tiempos no éramos pueblos ilustrados sino ilusos, somos ahora naciones y no tribus, léase, somos América Latina, en donde dejamos de ser votos para votar. Nos guía el interés común por vivir en paz, en síntesis somos los dueños de nuestra historia y seremos quienes la construyamos y la contaremos, por eso la estamos escribiendo con valor y solidaridad.