Venezuela dividida en dos, tras comicios presidenciales
En las elecciones del pasado domingo 14 de abril, el candidato chavista Nicolás Maduro se impuso en Venezuela por un margen de alrededor del 1.6% y menos de 300,000 votos de diferencia. Los bolivarianos, por primera vez en su historia compitieron sin tener a su difunto caudillo a la cabeza y han logrado ganar su quinta elección presidencial consecutiva asegurando que su régimen esté ahora facultado constitucionalmente para durar entre 14 a 20 años. No obstante, la oposición se siente envalentonada, pues en todos los anteriores comicios perdía con dos dígitos de diferencia y esta vez lo ha hecho con menos del 2%, al tiempo que cuestiona los resultados y pide un reconteo.
El 7 de octubre, Hugo Chávez derrotó en las presidenciales a Henrique Capriles por un margen de unos 11 puntos y 1,600,000 votos, y luego en las elecciones regionales del 16 de diciembre su Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) venció en 20 de los 23 estados. Mientras Capriles, desde las presidenciales pasadas de octubre 2012 a hoy, ha crecido de 6,591,304 a 7,270,403 votos y del 44.31% al 49.07% de los sufragios contabilizados, el PSUV retuvo el poder, pero decreciendo de 8,191,132 a 7,505,338 a votos y del 55.07% al 50.66%. Esto implica que el chavismo sin Chávez se mantiene en palacio, pero a costa de haber perdido casi 700,000 votos y 4.4 puntos porcentuales en tanto que Capriles subió casi 700,000 votos y más de 4.6 puntos porcentuales.
Capriles esta vez no quiere reconocer los resultados oficiales, ha anunciado que no habrá pacto con la mentira y la corrupción y ha reafirmado su caracterización de Maduro como presidente ilegítimo, primero por supuestamente reemplazar a Chávez sin haber surgido de alguna elección o pasando por alto la constitución, y hoy porque no habría ganado los comicios.
Los medios pro-EE.UU., como la BBC, hablan de un empate o que el derrotado Capriles es el victorioso y el victorioso Maduro es el derrotado. Con un caudal tan alto, Capriles reclama que Venezuela está dividida en dos y que es hora de que se escuchen los planteamientos de su mitad, que pide el retiro de los asesores cubanos y una política exterior de menor confrontación con EE.UU. Él va a querer usar su fuerte votación (primer antichavista en quedar a poca diferencia del oficialismo) para consolidarse como líder de la oposición y presidenciable en la espera. Capriles, al cuestionar los resultados oficiales, chantajea al nuevo gobierno amenazándolo con que se le tipifique interna e internacionalmente como ilegítimo y que ello le desestabilice o le impida seguir con reformas, presionándolo para que gire hacia la derecha en aras de desafiarlo.
Maduro tratará de demostrar que Capriles es mal perdedor y que no acepta su llamado a la conciliación, en tanto que lo importante para él es que el partido de fútbol se haya ganado (aunque sea por penales o una mínima diferencia).
Un posible cambio en el gobierno venezolano hubiese tenido implicaciones en Latinoamérica y el Caribe debido a que el principal generador de petrodólares en la región es también el eje de la antiimperialista Alianza Bolivariana (Alba), que agrupa a 8 de los 33 Estados al sur de EE.UU. y que ha ido empujando al Mercosur hacia un corte nacionalista distinto al intento de Washington de crear un TLC en el hemisferio y ha sido un pilar en la reestructuración del primer bloque suramericano (Unasur) y de la América sin EE.UU. y Canadá (la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe).
El modelo patrocinado por Chávez de hacer gobiernos que nacionalicen empresas, redistribuyan la riqueza y desafíen a la Casa Blanca, ha conducido a que se consoliden y sean reelectos presidentes con discursos socialistas y apoyo popular en Bolivia, Ecuador y Nicaragua.
El chavismo cuenta con una enorme base social fruto de sus programas de salud, medicina y vivienda que ha financiado gracias al alto precio internacional de los carburantes y una política económica que busca generar el crecimiento a través de incentivar al mercado interno y una menor desigual distribución de la riqueza.
Tanto Capriles como Maduro son católicos con ancestros judíos, aunque el segundo, pese a su trayectoria marxista, habría ido a visitar a la India a Satia Baba, proclamándose seguidor. A diferencia de otros antiguos líderes de la oposición, Capriles se desmarca de la extrema derecha y se presenta como un Lula local que admira a la socialdemocracia y que mantendrá varias reformas chavistas, aunque busca minar a los bolivarianos en temas que pueden tener cierto impacto popular, tales como ofrecer más seguridad ciudadana. Lo novedoso de Maduro es que se convertirá en el primer presidente obrero de Venezuela y el segundo, tras el brasilero Lula da Silva, de Suramérica.