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Venezuela, luego del sufragio


Ramiro Guerra Morales (opinion@epasa.com) / Abogado

Como lo había escrito, las fuerzas que se coaligan en torno a la denominada Revolución Bolivariana que llevaban como candidato a Nicolás Maduro, se alzaron con la victoria, y pasadas no menos de 24 horas, el ganador fue proclamado nuevo presidente de Venezuela. Es justo reconocer que las fuerzas opositoras encabezadas por Henrique Capriles demostraron un mayor empuje, no lo suficiente, como para mediatizar el todavía peso que la imagen y el prestigio del fallecido presidente Hugo Chávez, que gravitó de manera significativa en la definición del voto a favor de Maduro.

Las fuerzas opositoras y en particular el candidato perdedor, no se han resignado a tales resultados y han declarado al nuevo gobierno como ilegítimo, sin darse cuenta de que esa retórica de desafiar la institucionalidad democrática es un juego peligroso.

Reconozco que la situación pos electoral se configura en una especie de equilibrio frágil, lo que obliga a los gobernantes a actuar con cautela y prudencia, sobre todo cuando el campo de maniobra desde el punto de masas no se le agota con esos resultados electorales. No perdamos de vista que la población electoral rondaba los 19 millones, es decir, que más de cuatro millones de venezolanos no ejercieron su voto y ese tramo constituye un campo de trabajo y de captación que puede romper lo que se ha dado en llamar la polarización en el país hermano.

La situación ha concitado y de previo fue así, la concurrencia de factores de poder más allá de las fronteras de Venezuela por la sencilla razón de correlaciones de fuerzas con ejes ideológicos bien marcados.

El gobierno del presidente electo tiene claro lo anterior y también sabe, que hoy el corazón del estado, al decir de René Zavaleta Mercado, el Ejército debe de estar siendo objeto de presiones para que tome partida o mejor, obligarlo por una salida antichavista, nada fácil pero no imposible. La inteligencia por los lados del presidente Maduro tiene que actuar con prudencia y jugar a preservar la democracia, cosa que pareciera no interesar a las fuerzas opositoras. Una intervención militar no sería vista como buena en la región y ese es un punto que corre a favor de las fuerzas gobernantes.

Es evidente que las fuerzas opositoras apuntan a escalar en el agravamiento del equilibrio que, aunque precario, es gobernable y posible de superar. Me preocupa que Capriles juegue este juego peligroso y nada ejemplarizante para la región.

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Viernes 14 de agosto de 2026