Verdadero amor
Somos transeúntes de un planeta en movimiento. Multitud de perseguidos por el hambre, las creencias, o las sinrazones propias de la especie humana, huyen desconsolados en busca de esperanzas. Por desgracia, los humanos hemos dejado el vínculo de la familia, con lo que eso conlleva de compromiso a la hora de compartir y, cada cual, encara los nuevos tiempos con la frialdad de una inhumana economía que ha hecho del planeta un espacio divergente, donde el caos lo domina todo, mediante un frenético sinvivir.
La necedad del ser humano, movido por el egoísmo es tan fuerte, que impera la crisis por doquier rincón del mundo. Deberíamos de despertar más allá de las finanzas, y ver que hay otra vida más apasionante, la de hacer un camino unidos, un camino que ha de ir hacia una realización de todos los humanos. Justo cuando un año que se nos fue, pero otro comienza, me permito recordar que la meta somos nosotros mismos y, por ello, hemos de reencontrarnos, no solo para hallar la felicidad, también para crecer como humanidad.
La ideas estimulan la mente, y el planeta está hambriento de verdaderos estímulos humanos. El ejemplo de Indonesia nos llena de regocijo. Diez años después de que el peor tsunami de la historia se cobrara la vida de más de 230,000 personas en toda Asia, una de las regiones más afectadas por la tragedia se “ha reconstruido mejor”, en palabras de Naciones Unidas. Gracias a este desvelo por sobrevivir, Indonesia se considera ahora un líder en la región, en la promoción de la reducción de riesgos en caso de desastres naturales”, acaba de expresar Gunilla Olsson, representante de Unicef en Indonesia. Sin duda, tenemos que ser constructores de sosiegos, sembradores en continuo renacer. Tal vez la vida sea eso, un rehacerse cada día, un revivirse cada momento creando y recreando nuestra propia existencia junto a los demás. No dejemos de lado que somos un todo, y en el centro, ha de estar la esperanza como abecedario.
Bienvenido, pues, el 2015. Tenemos tantas cosas por hacer, pero todo a su debido tiempo y con calma, que la paciencia es tan imprescindible como ponerse a pensar. Por aquello de que año nuevo, vida nueva, seamos persistentes en nuestra actitud positiva de ser sembradores de vida.
Para ese camino renovado debe germinar un ferviente espíritu de convivencia, una naciente mentalidad acerca del ser humano, de sus vicisitudes y derechos, de sus deberes y destinos. Por consiguiente, entiendo que ha de nacer una propicia pedagogía más universal, basada en la cooperación entre los pueblos y en la colaboración ciudadana. Aprendamos a vivir, amando. Es nuestro deber de vida. O nuestro proyecto de existencia.