Vergüenza política
Lo que sucedió ayer en la Asamblea Nacional deja claro que la clase política en Panamá todavía tienen mucho por recorrer y madurar.
En el mundo de la política, sus principales protagonistas pueden pasar de la gloria a la pena en unos minutos.
Los padres de la patria deberían ser ejemplos a seguir, son las personas que discuten las leyes y proponen iniciativas para mejorar la condición de los ciudadanos.
Cuando en un pleno legislativo los diputados sacan a relucir las intimidades de sus negociaciones de pasillo o de cafetines, molestos por la actuación de su contrario, simplemente demuestran que han perdido la vergüenza.
Los pactos políticos no son nada nuevo, romperlos tampoco. Ayer, cada uno de los diputados de la Alianza por el Cambio sacaron su lista de acusaciones y hablaron hasta el cansancio de falta de “palabra”.
Algunos de ellos, los panameñistas, rompieron todo el protocolo y abandonaron la Asamblea Nacional para rechazar la elección de su colega Héctor Aparicio. En los corrillos del Palacio Justo Arosemena se vivió de todo.
Los opositores del Partido Revolucionario Democrático trataban de tumbar las aspiraciones de Rony Araúz, un ex perredista que decidió saltar a Cambio Democrático, y que aspiraba a una de las vicepresidencias. A cambio garantizaban el quórum necesario para continuar la sesión.
Mientras todo este espectáculo ocurría, miles de panameños opinaban en las redes sociales y la mayoría lanzaba duros cuestionamientos a la clase política por su comportamiento.
El propio presidente Ricardo Martinelli pidió disculpas por su cuenta de Twitter, a los ciudadanos. Mientras, la toma de posesión en la Asamblea se prolongó por varias horas, entre recesos y reuniones de emergencia, para intentar salvar la alianza gubernamental.
Si la alianza no se rompió, quedan muchas heridas que no sanarán a corto plazo y que no le conviene al país ni al Gobierno. Al parecer, los políticos ya están pensando en el 2014, olvidándose que falta mucho tiempo de Gobierno.
