Vergüenza por la basura
En el último siglo la riqueza de casi todas las naciones empezó a concentrarse en las ciudades. Por consiguiente la basura también. De allí que, con el tiempo y las lecciones aprendidas, los gobiernos más sabios fueron tomando conciencia de la importancia de organizar la recolección de los desperdicios humanos de manera sistemática e industriosa. Pues no hacerlo, provocaría incrementar la amenaza que a la larga representa para la vida de las personas en comunidad, la falta de higiene en las casas, calles y cada esquina de las ciudades. Lo grave es que estamos terminando el año en Panamá, y seguramente empezaremos el siguiente con la peor cara que podemos mostrar a nacionales y extranjeros: la basura (no la lluvia) nos inunda. El municipio ha dejado de recoger la basura, y lo poco que hace es invisible a los ojos de los habitantes de la ciudad.
Además de los problemas como la contaminación y malos olores, a los panameños nos produce vergüenza nacional el estado deplorable de los tiraderos de basura en que se han convertido cada rincón de la ciudad. La crisis es tan severa que sobrarían razones para efectuar cambios profundos, no sólo institucionales, en materia de organización municipal. El peligro más grave que hemos constatado es la falta de reacción inmediata y adecuada para aliviar la pesada carga de padecer la vergüenza que significa el desastre de mostrar los desperdicios humanos frente a las casas, calles, edificios públicos y comercios. Algo más tenemos que hacer para evitar el caos que estamos padeciendo.
