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Vergüenza pública


Algunos líderes de partidos políticos piensan que la población tiene memoria corta y se olvidan de sus acciones. ¿Cómo pueden cambiar de discurso en tan poco tiempo? Ni siquiera disimulan sus deseos de poder.

Cuando el ambiente se satura de politiquería y cualquier cosa es mala, sin importar si en medio de esa batalla se encuentran los ciudadanos, es el momento de hacer un alto para analizar las consecuencias de esas actuaciones.

Las crisis que viven los partidos, sin excepción, solo hace más vulnerable al país. Muchas personas en las calles no saben a quién creerle.

Aquellos que de la noche a la mañana pasaron de las filas oficialistas a la oposición ahora critican lo que antes defendían.

Si durante su matrimonio político se registraron irregularidades en diferentes proyectos gubernamentales, por qué razón no salieron a denunciarlas. Solo ellos tienen la respuesta.

Sus exaliados también viven de polémica en polémica. Cuando todos los ciudadanos esperan que las aguas vuelvan a su nivel, desde el Gobierno solo salen provocaciones y acusaciones.

El país no merece lo que está sucediendo. En medio del vendaval de reproches, otros partidos políticos de oposición atizan el fuego y tratan de pescar en río revuelto.

Incluso algunos aspirantes presidenciales conforman comités por la democracia, cuando en realidad solo buscan protagonismo. Algunos miembros de la sociedad civil han declarado públicamente que abandonaron esos movimientos porque tenían intereses partidistas.

La mayoría de los políticos que ocupan cargos públicos deben dejar a un lado sus campañas y dedicarse a trabajar. Sus salarios son financiados con los impuestos de todos los ciudadanos.