Vientos que anuncian tempestades
Panamá siempre ha contado con extraordinarios constitucionalistas, verbigracia el doctor Víctor Florencio Goitía, nuestro recordado amigo, Simeón Gonzales Henríquez; el maestro, doctor Carlos Bolívar Pedreschi; Rigoberto Gonzales y el doctor Italo Antinori. Por fortuna, en mi condición de estudiante de derecho, tuve como profesor al Dr. César A. Quintero, quién además de enseñar derecho constitucional, impartió las cátedras de ciencia política y derecho administrativo.
En nuestra época estudiantil y activista político, nunca dejaron de faltar los buenos consejos del Dr. Quintero, sobre todo en momentos difíciles y de crisis por la cual trasuntaba el país. Tenía una capacidad extraordinaria, dada su capacidad como jurista, intelectual y politólogo, de prever acontecimientos por venir. Recuerdo que cuando esto ocurría, lo expresaba de tal forma que nos decía se aproximan tiempos difíciles, de choque y confrontación y concluía, acotando, que le preocupaba el curso que venía adoptando la dinámica social y política.
Parafraseando, al Dr. César Quintero, nos preocupa el tono que viene asumiendo el discurso político y societario. Los decibeles del discurso descalificador están llegando a tales extremos, donde se comienzan a contrabandear términos y epítetos y otras adjetivaciones, que llegado un momento, pudieran catapultar una crisis con consecuencias trágicas para todo el país y los panameños.
Solamente existen dos métodos para conjurar tales fenómenos: 1. diálogo entre los actores sociales y políticos, pensando en la paz y el equilibrio del país, o sencillamente continuar por los vericuetos del discurso impugnador y de confrontación, donde todos los panameños perdemos. Reitero, estamos inmersos en un pre-escenario de contextura volcánica, nada bueno para la democracia, el estado de derecho y las garantías fundamentales. Hay que frenar los radicales y extremistas, no importa donde se encuentren que juegan a la confrontación y represión, como método para enfrentar las luchas sociales. La violencia genera más violencia. En estos desiderátums, el gobierno, sobre todo su presidente, más que cuestionar la legitimidad de los actores de la sociedad civil, entre ellos los medios de comunicación, deben inclinarse por un acercamiento con los mismos, aunque para ello tenga que hacer concesiones políticas y sociales. Insisto, como lo hecho en ocasiones anteriores, hay que levantar los muros de contención del Palacio de las Garzas. Todo por Panamá. Que Dios bendiga a la nación, al pueblo y a sus gobernantes.
